En retrospectiva: el legado de Bladé y la UANL en la presidencia de ONEFA

Uno de los trienios más complicados en la historia de la ONEFA, al tener que llevar la liga en medio de la pandemia. Pero también, la administración que permitió el regreso para reunificar el fútbol americano. Esto fue lo que dejó la presidencia de Juan Manuel Bladé y la UANL, la cual se despide este jueves.

Alberto García Ramos / receptor

El fin del mandato de la actual mesa directiva de la ONEFA, encabezada por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y su representante Juan Manuel Bladé, nos permite voltear a ver los últimos tres años del manejo de la liga de fútbol americano más importante en México, una de las administraciones con mayor trascendencia en los años recientes.

Acciones que habrán sido buenas para algunos pero malas para otros, la realidad es que dos grandes eventos marcaron este trienio en el que la ONEFA estuvo liderada por la administración de la “uni”: el regreso de los equipos de Conadeip y la pandemia.

Antes de que este jueves comience el congreso que dará pie a un nuevo liderazgo (el cual, todo indica, emanará de esta misma mesa directiva en forma de su vicepresidente), recordemos cuáles fueron los momentos más destacados y las decisiones más sonadas de la presidencia que dejan vacante Bladé y la UANL.

La reunificación: el regreso de los Conadeips

Fue en el congreso de 2020 en el que se anunció la noticia que muchos llevaban pidiendo por años: se acabó la división en el fútbol americano estudiantil, se acabó la “Guerra Fría” que mantenían los dos organismos, Conadeip y ONEFA, para demostrar quién tenía “el mejor nivel”. Se acabaron los acercamientos timoratos seguidos de nuevos y prolongados silencios, porque una vez más, todos son uno mismo.

Parecía que esto sucedería en la presidencia de la UNAM, que se dividieron Raúl Rivera y Radamés Gaxiola, pero justamente la separación del primero con la institución trajo abajo las intenciones que habían generado el mayor acercamiento hasta el momento: juegos cruzados que contaban para la temporada regular de ambas ligas y por supuesto, el Tazón de Campeones en 2016 y 2017. En 2018 y 2019 los acercamientos se limitaron exclusivamente a la pretemporada, pero ya pasado el primer año de la adminstración Bladé, llegó la reunificación para convertirse en el sello de este liderazgo.

El problema fue que, como al resto del mundo, se le atravesó una pandemia.

Las Conferencias ni siquiera terminaron de ser organizadas antes de que el mundo, y el fútbol americano, tuviera que detenerse por la emergencia sanitaria que ha cobrado millones de vidas en el mundo. Fue justamente en esa época de parón en el que las entrevistas con el mismo Bladé y demás miembros de la mesa directiva permitían esclarecer algunos de los puntos más importantes de la celebrada reunificación.

En estas sesiones con medios de comunicación, se aclaró que el regreso de los equipos de Conadeip, todas escuelas privadas en la Conferencia I, hizo que la ONEFA tuviera que saltar el reglamento que ellos mismos aplican, refiriéndose a uno de los temas centrales que provocó la salida de estos equipos allá en 2009: las becas.

Mientras que el reglamento de la Organización establece desde 2020 que los equipos de Liga Mayor en la Conferencia I tienen un máximo de 40 becas permitidas para su reclutamiento, los programas del Tec y entonces la UDLAP hacían uso de hasta 75 becas, lo permitido en el reglamento de Conadeip. Con su regreso a la ONEFA, la reducción no fue de 75 a 40, dijo Bladé a receptor en entrevista, sino de 75 a 70. En su momento no se introdujo ningún periodo transitorio para que las universidades eventualmente se acoplaran al reglamento existente, simplemente, explicó, mantendrán el número en 70.

Los resultados de su siembra de reunificación no pudieron ser cosechados propiamente: el único torneo de Mayor con la nueva Liga bajo el mandato de Bladé terminó siendo el de reactivación: apresurado, a finales de año, nada más con 6 semanas de competencia y sin campeón. Pero sobre eso más adelante.

El bateo a los 95 y el inviolable reglamento

En una votación que necesitaba mayoría relativa (75% de la aprobación de los votantes), los equipos de la liga decidieron que la generación de 1995, que se hubiera despedido de la Liga Mayor en 2020, no podría tener un año extra de elegibilidad tras la cancelación del torneo por la pandemia.

Tiempos extraordinarios exigen medidas extraordinarias, diría el dicho. Pero la ONEFA, su mesa directiva y los personajes mediáticos cercanos a ésta querían sentar un precedente: nadie por encima del reglamento. Ni siquiera una generación de 150 jugadores que lo único que querían era poder jugar su último torneo de fútbol americano estudiantil. En redes pululaban argumentos como “ya están viejos, que se pongan a chambear”, pero bueno, eso no emanó directamente de la mesa directiva.

Lo que sí es sumamente cuestionable es que, una vez más, en rondas de entrevistas con medios de la comunidad, el presidente estableció que se tenía que respetar el reglamento y si el reglamento indicaba que la votación debía realizarse así, que los 95 ya no podrían extender su elegibilidad, que así lo acordaron los equipos de la liga, entonces no había más por hacer.

Mucho tiene que aprenderle la NCAA a la ONEFA sobre “no violar el reglamento”, porque esa NCAA sí decidió saltárselo: absolutamente todos los jugadores de fútbol americano universitario en Estados Unidos recibieron un año extra de elegibilidad por razones de la pandemia en 2020, y eso que en ese país sí hubo torneo en dicho año. Es decir, jugaron pero no les contó la elegibilidad. En la ONEFA, no jugaron y sí les contó la elegibilidad.

Ah, pero el reglamento.

El torneo sin campeón en nombre de la “reactivación”

Fue en junio de 2021 que tras el Congreso Anual de la liga, se anunció por fin el regreso de la Liga Mayor tras el shock pandémico. Aún en ese entonces para algunas voces seguía pareciendo incierta la realización de la temporada, pactada para empezar en octubre, dos meses después de lo habitual.

Entre múltiples cuestiones que terminaron por nublar el “torneo de reactivación”, como algunos de los juegos calendarizados (o más bien, los que no calendarizaron), un reculamiento en los protocolos contra COVID que vio recular a los equipos de hacer pruebas al 100% de jugadores a sólo 20% (y con señalamientos recientes que un equipo particular no presentó pruebas en uno de sus cuatro juegos), una decisión deportiva terminó por englobar lo accidentada que fue la organización del torneo: el no campeonato.

Originalmente, la Conferencia de los 14 Grandes estaba programada para empezar en la tercera semana de octubre, tener una temporada regular de siete semanas, y concluir el 10 u 11 de diciembre, con un juego de campeonato entre los ganadores de cada grupo y posibles tazones de fin de año entre los integrantes de este circuito. Sin embargo, por el mes de agosto, con la alza de los contagios en el país generando la tercera ola, la ONEFA recorrió dos semanas el kickoff de esta conferencia, dejando la fecha definitiva para el 5 de noviembre.

Lo que a nadie, literalmente a nadie se le anunció de manera oficial fue que esta nueva calendarización veía la temporada regular terminar el 17 y 18 de diciembre. El supuesto fin de semana de la Final sería el 24 o 25 de diciembre, cosa que, obviamente, no sucedió, porque todas las instituciones educativas tienen periodo vacacional en estas fechas.

El problema no sólo radicó en que parece que fue un simple descuido el que privó de un campeón a la Conferencia I en el mini torneo 2021: nunca hubo ni un anuncio formal ni una explicación.

El primer elemento en hacer pública esta decisión fue el Head Coach de los Pumas CU en una conferencia de prensa sobre el partido de preparación que su equipo tuvo con los Águiluchos del Heroico Colegio Militar. José Luis Canales le dijo a la prensa que no iba a haber un campeón en los 14 Grandes. Ya fue después de eso que miembros de la mesa Directiva de ONEFA confirmaron que no habría ningún tipo de postemporada ni campeón por tabla de posiciones.

En esos días previos al kickoff, la Liga intentó manejar su comunicación social diciendo que el torneo tenía el objetivo primordial de reactivar el fútbol americano, y no el de tener una competencia que defina un campeón.

Dos problemas con esta lógica. El primero: antes de recorrer el calendario, sí se tenía planeada una Final entre los ganadores de cada grupo dentro de los Catorce Grandes. Eso fue lo que se anunció en el Congreso de Santa Fé en junio. El segundo: en la Conferencia Norte sí hubo un campeón, los Lobos UAdeC, que vencieron a los Borregos QRO 13-9 en el único partido de postemporada de 2021.

Para 1/3 de la Liga no era la prioridad la reactivación, entonces.

Lo que son las cosas: si entonces la prioridad era que se volviera a organizar la Liga Mayor sin importar quién fuera el campeón, ¿los jugadores de la generación 1995 no hubieran tenido una oportunidad ideal de despedirse de sus carreras estudiantiles?

El manejo pandémico del fútbol americano en la Organización

Para muchos esto puede ser uno de los puntos más bajos de la administración, pero aquí va por qué no: la ONEFA y su liderazgo prefirieron aceptar las capacidades que tienen como organización y mantuvieron el fútbol en resguardo hasta que fuera relativamente seguro poder realizar torneos.

En medio de la pandemia de COVID-19, desde 2020 empezaron los gritos desesperados por que las actividades deportivas regresaran. Ligas como ACOFA reanudaron sus torneos a finales de ese año, a pesar de que la vacunación apenas se encontraba en fase de aprobación a nivel mundial, y el país estaba inmerso en la segunda ola, la más mortífera hasta ese momento en México.

La ONEFA tomó la decisión de no continuar su Intermedia, cancelar Juvenil, Infantiles y Mayor en 2020 y hacer lo mismo para Intermedia, Juvenil e Infantil en 2021. Ya Mayor llegó a jugarse en 2021 en un momento en el que hasta los jóvenes de 18 a 29 años, o sea, la demografía de los jugadores, había recibido su segunda dosis de vacuna. Pero no hacerlo antes fue una decisión firme, muy criticada, pero necesaria para asegurar a lo más que el fútbol americano no iba a propiciar que la comunidad se viera fuertemente afectada por el virus que aún acecha al mundo.  

Simplemente: era ilógico pedirle a la liga, cuyas instituciones educativas no tenían clases presenciales, que tuviera un torneo de un deporte que se entrena diario, por lo menos 2 horas en campo, una más en gimnasio, y una más en juntas, mientras que la vacunación del covid apenas iba en sus fases iniciales. Si estas escuelas no estaban recibiendo a sus alumnos, ¿qué hacía pensar que la Liga Mayor, y la Intermedia y las Juveniles, eran buena idea? Conscientes de sus limitantes, mejor esperaron hasta que fuera un poco más prudente.

El cachirul, apenas recién llegados

El primerísimo torneo de ONEFA que estuvo ya regido por la Mesa Directiva de la UANL terminó en un profundo conflicto entre dicha institución y uno de sus miembros más representativos: el IPN. Y es que cuando se hizo pública la desclasificación de las Águilas Blancas de las semifinales de la Intermedia 2019 por haber registrado a un jugador inelegible, un famoso “cachirul”, las disputas entre el entonces director de deportes del Poli, Eduardo Vanegas, y Juan Bladé, llevaron a la liga a un punto de conflicto en el que inclusive se habló de instancias jurídicas para cancelar la reglamentación.

Los Volátiles de Santo Tomás habrían quedado como el #2 en las semifinales, pero un jugador de 21 años de edad habría sido registrado contra los Cheyennes, su partido de semana 1, lo cual la ONEFA así comprobó, y entonces salieron del torneo en postemporada. Los eventuales campeones fueron los Auténticos Tigres que vencieron a los Potros Salvajes en la Gran Final.

Las tensiones escalaron a niveles que hablaban de una separación del IPN de la ONEFA: las Águilas Blancas estarían en pláticas para integrar a sus infantiles a Fademac, derivado de la desclasificación, que el IPN alegaba fue injustificada, en la postemporada de intermedia.

Dichas tensiones se vieron apagadas en una conferencia de prensa que literalmente se realizó en el cuarto de un hotel, tal vez como símbolo de la reconciliación. “Esta situación se dio en parte por desinformación o tal vez por jugar al teléfono descompuesto sobre todo en las redes sociales, ya ven que ahora una noticia le empiezan a mover tantito y luego ya es un notición. Yo entiendo que a veces, para algunos reporteros es importante que haya tantita sangre para poderle dar sabor al caldo”, dijo en su momento el presidente Bladé, y remató confirmando que el IPN y la UANL mantenían una relación de cordialidad. (Pregunta al pie: ¿será esa aversión a las redes sociales la que provocó que la gestión en materia de comunicación fuera tan deficiente?)

Vanegas inclusive llegó a ocupar la vicepresidencia cuando Luis Parra salió del cargo para colocarse en la FMFA. Pero no se puede olvidar que los primeros meses de la administración Bladé se vieron manchados por una pelea prácticamente cantada con el IPN, uno de los pesos pesados en la liga.

Balance

Bueno o malo, eso puede decidirlo la comunidad del fútbol americano y sobre todo, el Padre Tiempo. ¿Será bueno para la competencia que los equipos recién llegados mantengan su capacidad de reclutamiento? ¿Habrá una nueva intención de la nueva mesa directiva? ¿Se pudieron haber manejado diferentes las acciones durante la pandemia?

Algunas preguntas no tendrán respuesta, otras, una vez más, se verán con el tiempo. Pero lo que sí es innegable es que para Juan Bladé y la UANL, la responsabilidad histórica estará: la reunificación se dio bajo su manto. En unos años sabremos si dicha responsabilización es positiva o negativa.

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