Cheyennes-Pumas Acatlán y el espectáculo de Intermedia que algunos quisieran desaparecer

Los Cheyennes de la ESIME y los Pumas Acatlán jugaron lo que tras cuatro semanas, fue el mejor partido de la Intermedia de ONEFA 2022. Un completo espectáculo, la rivalidad Poli UNAM, en uno de los estadios emblema en este deporte. Pero de todos modos hay algunos que si, por ellos fuera, la Intermedia no existiría. Qué bueno que no toman las decisiones de nuestro fútbol.

Alberto García Ramos / receptor

No es secreto que la Intermedia ha estado bajo escrutinio durante años recientes. Al menos, por un sector particular de la comunidad del fútbol americano. Algunas voces pugnarían por desaparecerla, por razones que varían pero caen en la inverosimilitud.

Este sábado, los Cheyennes de la ESIME Zacatenco y los Pumas de la FES Acatlán regalaron en el Estadio Wilfrido Massieu el mejor partido de lo que va de la temporada 2022, un encuentro lleno de jugadas increíbles, colisiones impactantes, aciertos, errores, pero sobre todo, espectáculo.

La Intermedia es fútbol competitivo. Los equipos, de jugadores de 18, 19 y 20 años, tienen entrenamientos en gimnasio, campo y sesiones de video diarias. Tras cuatro semanas de la presente temporada, y la primera en forma desde hace tres años, ya se empieza a notar la seriedad de la preparación futbolística con la creciente espectacularidad de los partidos.

Se trata de la categoría que domina la cartelera primaveral del fútbol americano estudiantil (y nacional, hasta que los profesionales consoliden sus proyectos), en la que las futuras estrellas de la máxima categoría comienzan a florecer como eso, como grandes jugadores, y en la que numerosos atletas tienen una última oportunidad de representar a instituciones tradicionales de este deporte.

Este sábado 26 de marzo vivió uno de sus partidos más memorables, especialmente después de una sequía de fútbol americano provocada por la terrible pandemia en la que los aficionados a este deporte no pudieron disfrutarlo desde marzo del 2020 hasta octubre del 2021. Ésto es lo que tanta gente pedía con el regreso de la ONEFA, especialmente la rotación anual tradicional a lo largo del año (Intermedia, Juvenil, Infantil, Mayor).  

¿Por qué pulverizar una categoría que bajo este nombre (Intermedia) se juega desde por lo menos 1936 en México y con este formato de edad lo hace así por lo menos desde la década de los 60?

Esta Semana 4 para la Conferencia I no lucía como la más competitiva. Auténticos Tigres y su racha de 30 victorias consecutivas se metieron a casa de los Potros Salvajes, que llegaban con 1-2 y cayeron a 1-3 tras sucumbir 17-7 ante los regiomontanos. Pumas CU recibieron al único equipo sin una victoria, los Leones Anáhuac, y los dejaron con esa etiqueta, pero no sin antes meterles 49 puntos y sólo ceder 3. Las Águilas Blancas, después de dos partidos sumamente físicos, recibieron a los Linces UVM, y los Volátiles, con su tercer QB tras ver a sus primeros dos lesionarse, jugaron tranquilamente en la primera mitad para subirse 18-0 y manejar esa ventaja, con un eventual final 18-8.

En el papel, el Cheyennes – Pumas Acatlán era ese partido que salvaba una cartelera dispar. En la ejecución, la rivalidad Poli UNAM una vez más marcó con creces este fin de semana, exactamente el punto medio de la temporada 2022, preparando la mesa para un cierre soberbio, con miras al primer partido de postemporada en cualquier categoría de ONEFA desde la Final de Liga Mayor en 2019, entre los Burros Blancos y Águilas Blancas. Sí, tanto ha pasado desde un playoff en el FBA estudiantil de esta organización.

Un duelo de QBs de lujo: Evan Albarrán (1), de Pumas Acatlán y líder anotador del torneo, frente a Arath Martínez Lozornio (19) de los Cheyennes. Ambos en sus primeras temporadas de Intermedia, Albarrán egresado de los Redskins de Lomas Verdes y Martínez Lozornio de los Raiders de Árboledas.

En un juego que a ratos se sintió como una auténtica pelea de boxeo, la tribu verde terminó hasta arriba después de 12 rounds: Martínez lanzó para 346 yardas en 17 pases completos de 38 intentos, con dos touchdowns, una intercepción y un fumble perdido. Arath, que completó sus 18 pases a 8 receptores distintos, escuchó las descripciones de la temporada 2022 como una ofensivamente terrestre y decidió destaparse con el partido aéreo más prolífico de lo que va del año, uno que incluyó cinco completos de más de 30 yardas de ganancia.

Albarrán y los Pumas Acatlán estuvieron a punto de dar el knockout en los últimos segundos de ése decimo segundo asalto, o cuarto cuarto, ya regresando al fútbol, pero terminó lanzando su segunda intercepción, en una tarde que terminó con 256 yardas en 20 pases completos de 41 intentos, un pase y una carrera de anotación.

Arath Lozornio, en su cuarto partido vistiendo el verde Cheyenne, dio una exhibición soberbia. Foto: FBA Canal Once

Porque como dos peleadores en el cuadrilátero, la primera parte de este enfrentamiento se resumió en una cosa: medir al rival. Calcular sus debilidades. Identificar sus vulnerabilidades. Y después, soltar el ataque.

Exactamente fue así como los Cheyennes se pusieron en el marcador. Enfrentando 3era y 12 desde su propia yarda 6 ya en acciones del segundo cuarto, Martínez Lozornio encontró sólo en el centro del campo a Mario Hernández (9) en un poste. Hernández rompió un tacleo y se escapó 94 yardas hasta el touchdown. Anotación anulada, por un castigo de hombre inelegible: uno de los receptores politécnicos estaba mal alineado.

No entró el golpe, pero ya vieron por dónde.

Y exactamente así fue: en la serie consecuente, después de que los Pumas se la jugaran en la 33 rival y un sack sobre Albarrán le dejara la bola a los Cheyennes en la 49 de su campo, ahora si conectaron el impacto: Lozornio con Hernández, poste al centro del campo, completo hasta la yarda 1. Conexión no de 94, pero sí de 48 yardas. Una jugada después, Obed Hurtado (21) rompió el cero y subió 7-0 a la Tribu Verde, marcador que se mantendría en el descanso.

En su partido previo, los Pumas Acatlán demostraron ser un equipo que responde ante distintas adversidades. Si bien en el encuentro contra las Águilas Blancas, una eventual victoria 21-19, nunca estuvieron abajo en el marcador, sí comenzaron a resentir la ventaja de tamaño que los Volátiles presumían en ciertas posiciones, especialmente del lado ofensivo. Eso no fue impedimento para que los universitarios ganaran. Resiliencia, le llaman.

Así que regresando del medio tiempo, Albarrán lideró a los Pumas a una serie de 6 jugadas y 70 yardas. El QB estuvo involucrado en todas ellas: fueron dos carreras de él y cuatro pases completos. El último, de 50 yardas con su receptor favorito, Karlo Iturralde (23), quien, como Hernández de los Cheyennes, se llevó a todos por velocidad para empatar a 7.

El fútbol no es perfecto: hay errores. Como la siguiente serie, en la que Arath Martínez perdió control del balón intentando romper la bolsa, e inmediatamente el linebacker Samuel Fabila saltó sobre el ovoide para reclamar la posesión ofensiva de los Pumas.

Un error sin consecuencia: tres jugadas después un gol de campo de 26 yardas fue malo, y se mantuvo estático el 7-7.

La defensiva de Acatlán se ha caracterizado por su oportunismo toda la temporada: tres robos de balón contra las Blancas en la segunda mitad fueron la muestra más clara hasta el momento. Ahora, con los Cheyennes en medio campo, una vez más le sacaron el balón a base de golpes al acarreador, y la defensiva reclamó un nuevo turnover en la recta final del tercer cuarto.

Pero la defensiva politécnica se cerró y forzó un nuevo despeje que acorraló a los Cheyennes en su propia yarda 17. Dos robos que resultaron en 0 puntos para los Pumas.

 Cinco jugadas después, otra vez: Arath con Mario Hernández, poste al centro del campo, 54 yardas, ahora sí para touchdown. Ya en el cuarto cuarto, 14-7 regresaban los polis a la delantera.

Un partido sumamente tenso, en el que el famoso momentum se iba de un lado a otro cual columpio. Las tribunas, aunque reducidas en su mayoría a los familiares de los jugadores, un llamado a las aficiones de ambos equipos a presentarse a los estadios, recordaban que era un Clásico Poli – Universidad: Huelums al son de “Cheyennes, Cheyennes, Gloria”, y Goyas con el “1-2-3 Acatlán” como sufijo obligado.

Al final de cuentas, son las dos instituciones más tradicionales en este deporte, una rivalidad que nace con el mismo Instituto Politécnico Nacional. Y en años recientes, los Cheyennes y la UNAM han definido el drama en la Intermedia: en 2017, los Pumas CU vencieron 26-22 a la Tribu gracias a un touchdown de Ave María de los universitarios con 0 segundos. En 2018, en semifinales, un regreso de kickoff llevado hasta el touchdown con menos de 10 segundos en el reloj permitió que los Cheyennes se impusieran 28-24. La ESIME y la UNAM han protagonizado el drama en esta categoría.  

Y los equipos sabían que así iba el guión de la más reciente iteración de esta rivalidad.

Los Pumas Acatlán una vez más respondieron con altura: una serie que empezó en su yarda 13 inició con un pase que el RB Patricio Gómez subió hasta la 47 del otro lado. Seis jugadas después, Albarrán conectó con Iturralde para convertir un 4to down, y con primero y gol en la yarda 3 tras un castigo defensivo, el propio QB se metió por piernas, su séptimo touchdown de la temporada, para casi empatarlo. Casi, porque el extra malo lo dejo 14-13.

Llega un momento en el que un partido tan parejo y a la vez tan humano como éste, por la misma naturaleza de la categoría Intermedia, se pone raro. Excéntrico. Estrafalario.

Los Cheyennes, ya con menos de cinco minutos en el reloj, buscaban extender su ventaja por lo menos a una que obligara a los Pumas a tener que anotar para empatar o dar la vuelta. Enfrentando 3era oportunidad y 26 desde la yarda 50, tras dos jugadas consecutivas con castigos ofensivos, la Tribu se convirtió en circo: una jugada de hook & ladder vio a Martínez conectar con Hernández, quien a su vez le pasó la bola a Diego Cruz (4), quien no sólo movió las cadenas, sino que metió a los verdes hasta la yarda 3.

Una conversión de tal magnitud ponía el péndulo del lado politécnico. Tras un pañuelo, un pase incompleto y un sack, los Cheyennes tenían tercera y gol desde la yarda 10.

Una vez más: raro.

Martínez Lozornio recibió un golpe, mandando la bola al aire aunque pareció que directamente a las manos del liniero universitario Demetrio Pérez. El #93 de los Pumas se llevó la bola 88 yardas hasta las diagonales. Pick six de un tacle defensivo.


Raro. Excéntrico. Estrafalario. ¿Es casualidad que en el misma rivalidad en la que un regreso de kickoff de 40 yardas de un linebacker le diera una victoria a Cheyennes sobre la UNAM en 2018, ahora sería una intercepción de un liniero que recorrió casi toda la longitud del campo lo que abalance definitivamente el partido para Pumas? 19-14 Acatlán, luego de jugársela por dos y fallar.

Pero tres minutos era un mundo, especialmente en enfrentamientos como éste. Tres minutos, los mismos que comparten dos boxeadores en cada round. Una serie que comenzó en la yarda 40 de propio terreno vio a los Cheyennes convertir en cuarta y 2 para cruzar medio campo. Un foul personal los metió hasta la yarda 13, donde en tercera y diez, Martínez conectó con Carlos Flores, inexplicablemente solo.

22-19, pero había un último chance, con menos de dos minutos.

Albarrán y los Pumas Acatlán empezaron desde su yarda 31. Un castigo defensivo los movió hasta la 40 del rival, pero ahí, cuatro jugadas después y tras un oportuno sack, la FES enfrentaba 4a y 17 desde la 47. Albarrán extendió el drama encontrando a Kevin Martínez, quien no sólo recibió el balón (en dos tiempos) adelante de las cadenas, sino que ya se escapaba antes de ser tacleado en la 16. Azotan el balón.

Quedan 22 segundos. Es segunda y diez desde la 16. Albarrán tendrá por lo menos dos jugadas a las diagonales.

O no, dijo Alfredo Blancas.

La intercepción acabo con el invicto acatleco pero sobre todo con un espectáculo de 60 minutos que nos regalaron los 132 jugadores que componen a estos dos equipos, uno que parecía que nadie quería que terminara. 

Un partido de temporada regular, justo en el punto medio de un torneo que dura siete semanas, que se jugó como una final, que para el equipo perdedor dolió como dejar ir un campeonato, y para la escuadra ganadora se disfrutó como haber llegado a lo más alto. Un encuentro que miles de personas siguieron en las transmisiones televisivas y de Internet, porque ésa sigue siendo la magia que el fútbol americano estudiantil posee sobre cualquier otra disciplina.

El propio Arath Martínez retrasó su entrevista con la señal de Canal Once porque no quería perderse la oportunidad de saludar y reconocer el esfuerzo de los rivales en el campo, por supuesto Evan Albarrán y todos los jugadores de Pumas que desfilaban por la yarda 50 como es tradición en este deporte.

Simplemente, hay partidos en los que, gane quien gane, reconocer al rival no sólo es tradición, es necesidad. Éste fue uno de esos partidos. Memorables, que los jugadores guardarán en sus recuerdos deportivos como uno de los mejores momentos de sus carreras. Uno de ésos “dónde estabas cuando” en sus vidas como atletas y para algunos, hasta nivel personal.

Y todavía faltan tres semanas de temporada regular.

Éste es uno de los partidos que la Intermedia, pero sobre todo, sus jugadores, le regalaron, precisamente como eso, como un presente, al fútbol americano.

Uno de esos partidos que no sucederían si esos que quieren desaparecer a la Intermedia ven cumplido su anhelo.

Ojalá no lo vean cumplido.

Deja un comentario