Ambientazo, juegazo, así es el fútbol de campeonato; Auténticos se corona en ONEFA

  • No hubo un elemento que decepcionara. La tribuna local cumplió tanto con el ambiente como con su rol de protagonista. Los equipos batallaron el título que se decidió hasta la última jugada. Auténticos aguantó la embestida de Burros para coronarse en ONEFA.

Alberto García Ramos

Fue una tarde de superar adversidades, para cualquiera de los involucrados.

Los Auténticos Tigres llegaban con su propia motivación, cargando con esa etiqueta que la misma gente en Monterrey les acotó. “La peor versión de Tigres en años”, señalados luego de la derrota 31-10 contra Burros Blancos en la Ciudad de México. Y aún así estaban fungiendo como locales en la Gran Final luego de derrotar 17-6 a las Águilas Blancas una semana antes.

Del otro lado, Burros Blancos, que solo con su presencia en el juego de campeonato, ya estaban rompiendo con la historia. Por primera vez en 10 años, la Gran Final del máximo circuito de la Liga Mayor de ONEFA no se iba a decidir entre Tigres y Pumas CU. Los felinos del pedregal se quedaron a la deriva porque los équidos de Zacatenco los eliminaron en semifinales, 14-11, en el Estadio Olímpico, y Burros buscaba convertirse en el primer campeón del Politécnico en 28 años.

La gente en las tribunas tuvo sus obstáculos que superar, aunque guardadas las proporciones, no todos los 16,000 aficionados sufrieron lo mismo. Por supuesto que es una ventaja la localía, no solo porque el equipo que está en casa está cobijado por su gente, sino que esos mismos fanáticos sólo tienen que superar un tráfico de viernes por la noche en Monterrey. Severo, un tanto equiparable a la Ciudad de México, pero mucho mejor que el camino que tuvieron que aventarse los fieles de los Burros Blancos.

Un cierre en el Aeropuerto Internacional de Monterrey forzó retrasos y algunas cancelaciones en vuelos de todas partes. Los provenientes de la capital del país no se vieron exentos, y los retrasos fueron desde una hora hasta cuatro, como fue el caso del vuelo 1697 de Viva Aerobús, que posiblemente llevaba 50 o 60 aficionados del Politécnico listos para gritar Huélum en el estado fronterizo. Al final, la hora de despegue fue de la 1:40 de la tarde hasta las 6:20. Los que tuvieron la oportunidad, se movieron de aerolínea, pero el resto, tuvo que esperar, esperar, esperar, con la esperanza de llegar al cuarto cuarto y ver a su equipo campeón.

Éste es sólo un ejemplo de múltiples. Gente que tenía planeado llegar a las 10 de la mañana pero lo hicieron hasta las 2, gente que de plano prefirió ya no hacer el viaje, gente que iba a llegar tarde pero sin boleto. Los que se fueron en camión también sufrieron, aunque ellos de una interminable espera por llegar. Cerca de 16 horas les tomó establecerse en Nuevo León, tomando en cuenta que partieron de La Ciudad de México cerca de medianoche del jueves.

Que si un banco de niebla, que si condiciones climatológicas adversas, ni siquiera los locales de la capital nuevoleonense asimilaban que hubiera tanta faramalla para la llegada de los vuelos.

Al final, los fieles del politécnico demostraron ser de los más efervescentes del fútbol americano nacional. La sección asignada abarcaba una longitud de casi 50 yardas en la tribuna norte del Gaspar Mass, y los guindiblancos no hicieron otra cosa mas que atiborrarla. Primer cuarto, segundo cuarto, tercer cuarto, la gente no paraba de llegar, y el manchón visitante no dejaba de crecer, el Huelum cada vez más intenso.

Los regiomontanos también cumplieron con las expectativas de un gran ambiente en el estadio. Aunque no llenaron hasta el 100% los asientos asignados, la comunidad universitaria sí estaba extasiada por ver a sus auténticos campeones. De la Facultad de Psicología, de Ingenería, los de las Preparatorias del mismo sistema académico, los auriauzules traían una auténtica fiesta. En la cabecera norte, los tambores, gritos incesantes, y la música expedida por la banda de marcha le hacían honor al nombre no oficial del inmueble, la jungla.

Altos directivos se hicieron presentes durante la totalidad del magno evento. Los máximos dirigentes de ambas casas de estudio honoraron con su presencia la ceremonia de volado y de premiación, el rector Rogelio Garza de la Autónoma de Nuevo León y Mario Rodríguez, director del Politécnico Nacional.

Eran las 19 horas en San Nicolás de los Garza, Nuevo León. Se entonó el himno nacional mexicano, el último momento de unión antes de que por tres horas, se declarara una guerra, fraterna, pero al final, una guerra. Una guerra que de un bando, todos estaban pintados de blanco, desde el casco, el jersey, y las fundas en las piernas, con los vivos de guindas inconfundibles del Poli. Enfrente, lucían una carcaza dorada en la cabeza y un forraje azul rey en jersey y fundas para diferenciar a los gladiadores de la batalla. El protocolo estaba finalizado, era momento del campeonato.

Estos son los momentos por los que los jugadores se preparan desde enero, por lo que la exigencia en levantamientos de gimnasio es impresionante, por lo que la condición física tiene que estar a tope. Eso, combinado con la adrenalina, las ganas de ganar, el deseo de trascender, de defender los colores en el emparrillado, son los momentos por los que vive un jugador de futbol americano. Guinda y blanco, azul y oro, Burros Blancos y Auténticos Tigres estaban listos para otorgar un juego de campeonato memorable.

Metódicos, así se pueden definir los primeros diez minutos del encuentro. Burros Blancos empezó con la posesión ofensiva, y aunque comenzaron acorralados en propia yarda 7, los équidos procedieron a montar el avance más prominente de la noche. Fueron dieciocho jugadas, sí, dieciocho, y recorrieron 89 yardas en 10 minutos con 45 segundos. Dicen que la mejor manera de detener a la ofensiva rival es mantenerla en la banca, y consumiendo dos terceras partes del primer cuarto, así lo estaban logrando los Burros Blancos.

La ofensiva comandada por Alex García mostró balance, lanzando la bola, corriendo el balón con José Sosa y Emmanuel Velasquez. Así es como llegaron hasta la yarda 4 para anotar. De manera anticlimática, los Burros Blancos consiguieron sólo tres puntos de la odisea de caucho en el Gaspar Mass. Un gol de campo de 21 yardas abrió la pizarra en favor de los Burros.

Ese primer cuarto fue apropiado por el Politécnico. Dejaron lucir el balance, la defensiva neutralizó a las tropas de Víctor Cruz, y entonces Burros Blancos volvió a tomar posesión.

Sin embargo, el marcador ya no tuvo movimiento hasta el segundo periodo. Se escuchaban los huélums desde la tribuna que consolidan a los de Zacatenco como una de las tribunas más ruidosas de la nación, ya que de privarse de la vista y percibir únicamente con el oìdo, el sentido hubiera engañado a ratos que los del IPN eran los locales.

Fue en un pase de 23 yardas de Cruz a Fernando Gómez que entonces sí se sintió la capacidad decibélica de los regiomontanos. Un grito ahogado, que llevaba unos 18 minutos de juego esperando hacer erupción. El partido se jugó en el Gaspar Mass, pero en el momento que Gómez recibe el pase en las diagonales, el recinto se transformó en el Volcán. Trece mil personas explotaron al unísono para celebrar el touchdown de sus felinos.

Fue como si esa anotación también se tratara de un hurto del momentum. En la serie consecuente, la defensiva local forzó un robo de balón sobre los Burros y recuperaron con excelente posesión ofensiva, metidos en la 25 para anotar. Jugadas después, Cruz volvió a conectar en las diagonales, esta vez con uno de sus preferidos, Javier Calzoncit, quien siguió el rolado de su quarterback para facilitar la anotación.

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La defensiva de Nuevo León festeja el fumble forzado y recuperado entre series de touchdown.

Cuestión de 5 minutos, y fue de un 3-0 que se sentía aplastante, a pesar del marcador, a un 14-3 contundente. El Gaspar Mass había tomado el control de la noche.

La primera mitad llegó a su fin, el cambio de emociones parecía que había impuesto un guión indeseado: una dominación. La hostilidad del lugar sí pesa, eso no está a discusión. La duda merodeaba alrededor de si los Burros Blancos tendrían la capacidad de montar el regreso, y si Auténticos terminaría por engrandecerse del llamado jugador 12 y se llevarían el titulo con facilidad.

La gente en las tribunas aprovechaba para ir al baño, para descansar las cuerdas vocales, refrescar el alma y asimilar que quedaban 30 minutos de temporada de Liga Mayor en ONEFA. La banda de marcha de la Autónoma de Nuevo León amenizó la intermisión, al ritmo de canciones dosmileras como el Mambo Number 5.

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Banda de marcha de la UANL, amenizando el descanso.

En la lateral de los Burros Blancos, posiblemente no había una persona más afligida que Eduardo Vanegas, el Director del Desarrollo y Fomento Deportivo del Instituto Politécnico Nacional. Protagonista de los de pantalón largo en este 2018, seguía al pendiente si había aficionados todavía esperando su boleto a pesar de que ya era el medio tiempo, pero sobre todo, como todos los 1,500 aficionados que hicieron el viaje, expectante de ser testigos de la historia politécnica.

En la serie inicial del tercer cuarto, parecía que Auténticos se iba a adueñar del marcador. Hasta el rector Rogelio Garza, quien estaba en la yarda 25 del lado de la banca de Auténticos, celebró creyendo que Marcelo González se había escapado 75 yardas hasta las diagonales. El problema fue que el corredor de sexto año pisó fuera antes de lograrlo, pero se convirtió de todos modos en una ganancia de 45 yardas.

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El Rector de la UANL, Rogelio Garza, sin despegarse de su vista en primera fila de la gran final.

El momento del encuentro le pertenecía a los Tigres. Parecía inevitable esa anotación que González había quedado a deber. En su lugar, un par de castigos terminaron por forzar el despeje, y los que respiraron con más calma fueron los del Poli.

No fue en esa serie, sino en la siguiente, que el volcán de dimensiones reducidas volvió a hacer erupción. La habilidad de rolar de Cruz hizo que escapara de la presión, y profundo en el terreno encontró a Diego Reyes para ahora sí, completar el touchdown de 75 yardas de distancia.

La patada del punto extra resultó ineficiente, y el marcador se mantuvo 20-3 para los Auténticos, a la postre esta patada fue importante para el exceso de dramatismo que se cocinó en la recta final.

Con 6 minutos en el tercer cuarto, Burros Blancos estaba necesitado de anotar, o hubieran tenido que despedirse prematuramente del campeonato. Con la evolución de ánimo en la afición, la explosión aérea de los Auténticos, y un Alex García que había tenido que salir momentáneamente por lesión, todos los politécnicos sabían que en efecto, no había mañana, ese debía ser el punto de quiebre.

García y la ofensiva del Coach Chaparro se levantaron a la ocasión que si bien no era una desesperada, era una con urgencia. Dos huélums consecutivos celebraron par de pases de 25 yardas. Luis Enrique recibió un pase de su hermano para meterse a terreno rival, y posteriormente Marco Morales se quedó con el ovoide de García para meterse a zona de gol.

Luego de solo sacar tres puntos en oportunidad de gol, Burros ahora sí capitalizó. Un touchdown de tres yardas del propio QB #9 revitalizó a los viajeros.

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García celebra con su ataque el touchdown por tierra.

Auténticos no quería hacer dramático el final. En los últimos momentos del tercer periodo, los equipos especiales lograron regresar el kickoff hasta la yarda 45 de los équidos. El ánimo que acrecentaba del lado politécnico inmediatamente se veía devorado por las jugadas grandes de los regiomontanos. Ambos equipos sabían que una anotación hubiera puesto el destino final en distancia próxima.

En los momentos que finalizó el tercer cuarto, la fiebre de Queen y la película recién estrenada Bohemian Rhapsody aterrizó en San Nico. Como si se tratase del mismísimo Madison Square Garden o el Estadio de Wembley, el sonido ambiente dejó escuchar la voz del legendario vocalista inglés Freddie Mercury, esa en la que dejaba sonar la perfección de sus entonaciones para que la gente imitara las notas.

Eeeeeeeh, oh.

Eeeeeeeh, oh.

Ehh oooooooh.

Ehh oooooooh.

Tirurirurirudah

Tirurirurirudah

Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeehhhhhhhhhhhhh…….

La gente en el Gaspar Mass lo entendió, lo asimiló, lo siguió, aunque fuera una grabación y no Mercury. Si los guionistas de este encuentro sabían que sería un momento glorioso, también sabían que era el preludio necesario para los últimos quince minutos del campeonato.

El vocalista de la reina, antes de partir de este mundo, se despidió de los escenarios en el Live Aid, como se retrata en la película ya mencionada. Como Mercury, Burros se aferró a vivir, se aferró a emocionar a sus fieles, se aferró a no morir sin antes dar un espectáculo.

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La postal de fútbol de campeonato de viernes por la noche.

A pesar del largo regreso de kickoff, la defensiva politécnica asimiló el rol: detener. Forzaron el despeje de Auténticos y lo bloquearon saltaron sobre la bola, y le entregaron el ovoide a Alex García en la yarda 46 para anotar.

Con todo un cuarto por jugar, no era obligatorio un touchdown, pero sí los puntos. El Politécnico consiguió el gol de campo de 41 yardas gracias a la pierna derecha de Francisco Rodriguez. Ya sólo se trataba de una diferencia de 20-13, y el momentum ahora sí lo robaron los capitalinos.

Pero Tigres no iba a dejar la hazaña, no iban a permitir la voltereta sin antes acrecentar su ventaja. Un balanceado ataque metió a los felinos hasta la yarda 17, pero sí, Burros se fajó, limitaron la cuenta a tres puntos, y con 5:55 en el reloj, el marcador leía 23-13 en favor de los regiomontanos.

Burros necesitaba anotar y anotar rápido. Fue exactamente lo que giraron, en una serie que consumió sólo 3 minutos y 6 segundos. García se metió al endzone por tierra por segunda vez en el día, vía un acarreo de una yarda. Habían estado abajo 20-3, y ahora con 2:49 para el final, la diferencia era 23-20.

Sí se puede, sí se puede, sí se puede, explotaba el grito desde la zona poli guinda. La última oportunidad de aspirar al campeonato se quedó en os hombros de la defensiva, una defensiva que en Wilfrido Massieu a 10 puntos en temporada regular.

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Jugadores ofensivos de Burros estaban metidísimos con el ruido. Otros (Abraham Chacón, 79) no querían ni ver.

Tres y fuera. Tigres decidió jugar conservador, y tres carreras de su rotación de corredores ganaron un combinado de 2 yardas. Burros Blancos quemó sus tres tiempos fuera en esa serie, y con 2:24 en el reloj, el IPN estaba a un gol de campo de forzar prórroga, y a un touchdown de lograr la hazaña.

Ayudados por un foul personal en el despeje, Burros empezó en medio campo.

Alex García acarreó 10 yardas para poner el primero y diez ya en la cuarenta de Auténticos. Sin embargo, la defensiva respondió con par de dagas que permitieron el cronocidio. Sacks en jugadas consecutivas y el segundo, de Victor Pulido, fue determinante porque el linebacker apenas logró tropezar a García tacleándolo de los pies. El QB ha logrado superar ese tacleo, y tenía mínimo otras 10 yardas para cubrir por piernas.

La tercera oportunidad resultó en pase incompleto. Con 44 segundos en el reloj, Burros enfrentaba cuarta oportunidad y 14 en la yarda 44. Para incrementar el drama, García conectó con Rodrigo Aquino para el primero y diez hasta la yarda 27. En teoría, bajo reglamento, el reloj debió parar alrededor de los 35 segundos en lo que las cadenas acomodan su posición, pero la planilla arbitral ignoró este detalle en el peor de los momentos. Dejaron caer el reloj hasta los diez segundos a pesar de que Burros centró el balón de manera inmediata. Las quejas en la banda politécnica por supuesto que escalaron, pero el tiempo no se corrigió.

Instalados a 27 yardas de las diagonales, García intentó un pase que salió moribundo, a la anotación, y parecía interceptado para finalizar la competencia en 2018. El profundo soltó el pase, y el equipo universitario, convencido que habían logrado el robo de balón, invadieron el emparrillado para celebrar, así como el Gaspar Mass explotó, pero de manera errónea.

El árbitro aclaró que quedaban 3 segundos en el partido resultado del pase incompleto. Un último chance para Burros Blancos. No se penalizó a Auténticos con invasión al terreno, sólo se les advirtió. Lo que esperaban es que, tres segundos después, ahora sí invadieran de manera legal, de manera oficial, de manera de campeonato.

Entró Francisco Rodríguez al intento de patada de 44 yardas. Porque sí, qué es un partido de campeonato si no se define con un gol de campo. El intento de forzar series extras, o la confirmación de Auténticos Tigres como campeón. Preparación offseason desde enero hasta julio, encuentros de preparación, ocho partidos de temporada regular, semifinales, final, todo, reducido a un sólo momento.

En la semana 7, Pumas CU intentó empatarle a Auténticos en la jugada final del tiempo regular con un gol de campo. El bloqueo de esa patada significó a la postre, el punto de inflexión del equipo, asegurando su postemporada en casa gracias a esa victoria, a pesar de ser la peor versión del equipo en años.

Fue sólo justo que el signo de exclamación del campeonato de los Auténticos Tigres imitara ese momento. La defensiva felina penetró sobre la protección del IPN, y la patada fue desviada en la línea de scrimmage para ni siquiera pudiera acercarse a las diagonales. Ahora sí, la invasión regiomontana sobre el emparrillado plastificado era verídica, tenía significante, tenía validez: ser los #1.

El resultado final 23-20 refleja de manera correcta lo que fue el partido de campeonato: una noche competitiva. En las tribunas, que a pesar de que Burros estuvo atrás la mayoría del tiempo, los Huelums se expedían con una fuerza que en sus peores entradas el Wilfrido Massieu envidiaría. Los goyas con los que respondían algunos fieles de Nuevo León, pero sobre todo, los abucheos al unísono de trece millares de regiomontanos que sí los convierten en protagonistas de la noche. El valor de la localía no es un mito, Auténticos Tigres es una muestra perfecta que tener una afición feroz e intensa siempre puede marcar la diferencia.

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El Coach Zamora festeja con sus jugadores que lo acababan de bañar en Gatorade.

Las emociones siguen a tope en los primeros momentos posteriores al final. Un conato de bronca entre jugadores no evolucionó. Los más serenos entendieron que así es el fútbol, se gana, se pierde, pero se respeta al rival.

La premiación la encabezaron los mandamases de ambas escuelas, así como el presidente de la liga, Radamés Gaxiola, y un personaje poco frecuente, el presidente de la FMFA, Jorge Orobio. Primero, el reconocimiento al segundo lugar, ese que de manera ingrata pero realista, nadie va a recordar. El director del IPN procedió a alentar a su equipo representativo, entre los cuáles uno de los más melancólicos era el Head Coach Francisco Chaparro.

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José de Jesús Sosa, uno de los más bucólicos, no cabía dentro de sí la derrota.

En el centro del campo, Rogelio Garza, Antonio Zamora, y los jugadores de quinto año de los Auténticos Tigres levantaban el trofeo luego de dar un recorrido de 360 grados agradeciendo a su afición. Era ese momento en el que todo se consolidó, en el que se materializan los sueños, y se da todo por terminado: Auténticos Tigres consigue su sexto campeonato en diez años.

El recordatorio es el mismo, el de siempre, es reiterativo pero necesario para enaltecer el respeto que involucra este deporte: un deporte de respeto, honor, reconocimiento. En el momento que los jugadores politécnicos de quinto año se despedían de la liga mayor, los Patanes, afamada porra incansable de los Auténticos, entonó un Huélum en su honor, así como coreaban el número de jersey del jugador despidiéndose.

Una noche de futbol americano, una noche de campeonato. Una noche de cambios en el ánimo, de fiesta en las tribunas, de intensidad en el campo. Una noche que presnetó adversidades, tempranas para los Auténticos, pero luego la adversidad de sostener el embate. Para Burros, adversidad de lograr la hazaña, aunque al final no se cumplió.

Superar la adversidad implica callar bocas. Para aquellos que declararon el fracaso de Auténticos Tigres en septiembre, la imagen inmortal del 23 de noviembre del 2018 es esa en la que equipo completo, capaces y demás gente se aceleran al emparrillado con el cronómetro marcando 00:00. Con más de mil docenas de aficionados gritando, celebrando, vitoreando a sus nuevos campeones, aunque en la última década así los tengan acostumbrados.

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Euforia.

Los equipos campeones saben ganar, saben levantarse, saben dominar, saben manejar las dificultades. En 60 minutos de fútbol, la Universidad Autónoma de Nuevo León demostró que sabe hacerlo, y por eso, se alzaron con el trofeo de la Liga mayor de ONEFA en 2018.

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