La cuarta entrega de la crónica que recordará a la gran generación de Borregos Salvajes del Tec de Monterrey que logra el Tri campeonato de manera invicta y con un dominio determinante. Serie de reportajes de Jaime Martínez, Contacto Norteño.
Por Jaime Mendoza Martínez, Contacto Norteño, Epílogo
Antiguamente para indicar que no había quedado claro ganador entre contendientes se declaraba el “empate”. De esta forma “empatar” significa quedar igualado entre dos contrincantes que se enfrentan en una competición. Así todos los esfuerzos, desvelos, dietas, anhelos, ilusiones, victorias, lastimaduras, derrotas, sueños, ejercicios, abstinencias, lágrimas, etc… que implican una larga temporada de juegos, convergen en un instante donde dos oponentes tienen que buscar una forma de “desempatar” con lo que se posibilita un vencedor y un vencido. Y actualmente en el futbol americano universitario se juegan las series extras para romper el empate. En principio cada equipo va a tener su ofensiva desde la yarda 25 del equipo contrario, con el propósito de anotar ya sea gol de campo o touchdown, y dependiendo de ese resultado la ofensiva del segundo equipo sabrá qué tipo de anotación tendrá que buscar. En este contexto el equipo que cierra tiene cierta ventaja al saber qué debe hacer para empatar nuevamente o ganar el partido.

La excitación se incrementa en las tribunas. La esperanza crece en todos los seguidores felinos que esperan ahora sí acabar con la hegemonía de los Borregos. El griterío aumenta en la tribuna de los visitantes y se escucha: “Goooya, Goooya, cachún, cachún, ra, ra, Gooooya, Tigres”. Por su parte en la zona de los Borregos con mucha confianza se escucha a los estudiantes del Tec gritar: “Poro po-pooo, poro po-pooo, el que no salte es un Tigre mari-cón”. Duelo de porras que crea un ambiente único de momentos decisivos de la batalla final.

En el primer tiempo extra, los Auténticos tienen la oportunidad de anotar desde la yarda 25 del rival. Inician los Tigres con un par de carreras que son detenidas por la férrea defensiva de los Borregos. Viene la tercera oportunidad y Patricio Quiroga lanza un pase a Aldo Herrera que es incompleto. Así que viene la última oportunidad de los felinos para anotar un gol de campo desde la yarda 20 que, desafortunadamente para su causa, es fallado por Reynaldo Blanco al cargarse el ovoide al lado izquierdo. La defensiva de los Borregos ha hecho la parte que les corresponde al impedir el avance de los Auténticos.

Ahora toca el turno a la ofensiva del coach Altamirano para doblegar a los Tigres peleadores que han contenido gran parte del partido a los carneros. En su primera oportunidad corre Mauro Cavallari 4 yardas. En la segunda oportunidad el mismo Cavallari logra 1 yarda más. En la tercera oportunidad los Borregos logran dos yardas más por lo que se quedan a 3 yardas del primero y diez entrando la cuarta oportunidad y la decisión del coach Altamirano sobre qué hacer en este momento crucial del partido. Al final decide jugársela con su pateador de goles de campo: Leonardo Guajardo. Los Tigres para hacer más dramático el partido piden tiempo fuera. La distancia de este intento de los Borregos es propiamente la misma que tuvieron los Auténticos en su oportunidad. Son 36 yardas totales las que definen quién es el ganador del clásico norteño por el título. Todo está en la pierna del pateador. La condición del pateador de goles de campo es muy especial porque se trata del jugador que tiene un perfil “individualista” y cuya precisión beneficia o perjudica al conjunto del equipo. Leonardo Guajardo, oriundo de Monterrey y forjado en el Club Avispones, se perfila para patear el balón. El estadio es un cúmulo de sentimientos encontrados. El centro es perfecto y la patada de Leonardo es… ¡bueeeenaaaaaa! El marcador final indica: Borregos Salvajes 24, Auténticos Tigres 21.

Mientras en la tribuna de los Borregos hay una explosión de júbilo; en la cancha se vive un auténtico manicomio donde los jugadores corren, se abrazan con gran camaradería, se levantan unos a otros, le hacen “bolita” a sus coaches. Se oye un abrazo solidario entre camaradas y un: “te amo, te amo, te amo”. Los reporteros persiguen a los jugadores para obtener sus palabras. Los fotógrafos se dan vuelo captando las escenas de júbilo. El rector del Tec corre junto con sus allegados a felicitar a todo el equipo. El himno de los lanudos, creado hace 32 años, explota en los oídos de todos los presentes: “¡Los Borregos, los Borregos! Ponen todo el corazón siempre
sincero…”. Es el paroxismo que acompaña un triunfo heroico e histórico. Por su parte en la tribuna felina poco a poco sale la fanaticada con caras tristes y apesadumbradas. La ilusión de derrotar al acérrimo rival en estas instancias definitivas se disuelve en el aire y se tendrá que esperar para próximos duelos para intentarlo.

Al ritmo del Noreste Caliente los Borregos estallan todos unidos cantando al unísono: “Cuarenta y cinco grados y un chingo de cervezas, y un montón de sombrerudos tirando fiesta”. A continuación, le otorgan el trofeo como mejor jugador del partido, MVP, al héroe que tuvo 100% de eficacia en sus patadas de puntos extras y en el gol de campo decisivo, Leonardo Guajardo. El head coach Carlos Altamirano -con una gorra blanca que trae al frente la letra “W”- recibe extasiado el trofeo que los acredita como el equipo campeón 2024 de la ONEFA; para pasarlo posteriormente a sus jugadores que lo reciben efusivamente y prosiguen cantando y brincando. Y claro, no podían faltar las playeras negras con letras blancas y fondo azul, -como es el caso de Fernando Sarabia- que dicen con letras grandes TRICAMPEONES NACIONALES 2024, y con letras más pequeñas ONEFA 14 GRANDES, BORREGOS MONTERREY. Todo es felicidad.

Ha sido una noche llena de exaltación, entusiasmo, pasión, drama y excelencia atlética. Con este triunfo, de manera invicta y en su propio campo, los Borregos Salvajes del ITESM reafirmaron su dominio de la Liga Mayor de la ONEFA obteniendo su tercer campeonato consecutivo después de vencer a unos aguerridos Tigres de la UANL. Para concluir están las palabras de un exaltado y emotivo capitán del equipo lanudo, Mau Martínez, que con voz entrecortada dice: “(este triunfo) se lo debemos a la gente, nunca dejamos de luchar…, ésto no nos los iba a arrebatar nadie, trabajamos todo el pinche año, trabajamos muchos años atrás, no lo íbamos a dejar ir”. Finalmente, para concluir esta historia podemos decir que para ser imbatible es indispensable lo que indica una de sus banderas insignia con la que entran al campo de batalla los Borregos. Se requiere poseer: “CORAZÓN DE CAMPEÓN”

