El mejor

Más de cuarenta mil personas. Noventa y nueve puntos. Siete touchdowns de un sólo jugador. La rivalidad más importante del deporte mexicano. No es fácil lanzar un designio con tanto peso pero éste no fue cualquier partido. Pumas y Burros Blancos jugaron el mejor partido del milenio.

Alberto García Ramos / receptor
Fotos: Ernesto García / receptor

En gustos se rompen géneros, y para muchos tal vez el partido del sábado entre Burros y Pumas puede no ser de su agrado por lo altamente ofensivo. La realidad es que, en 19 años del nuevo milenio, no se ha jugado un mejor partido en el fútbol americano universitario de México.

Este juego lo tuvo todo.

A poco menos de 36 horas del final, todavía permanece la impresión. Un sentimiento que cientos de miles de aficionados, entre los asistentes al estadio y los que lo presenciaron vía televisión e internet, tuvieron la oportunidad de vivir.

La expectativa alrededor del choque de la jornada 6 de la Liga Mayor de ONEFA era enorme. Burros Blancos del IPN se metía a la casa de los Pumas CU. Ambos invictos, cuatro ganados y cero perdidos. Justamente fue en el Estadio Olímpico Universitario donde el año pasado, los Burros rompieron con la hegemonía universitaria al vencer 14-11 a los felinos. Ese partido terminó tan animoso que, extraoficialmente, le costó la cabeza a medio staff de coacheo de Pumas, incluido el entrenador en jefe.

Pero en la nueva temporada, ambos equipos llegaban como visiblemente los dos mejores del circuito de ONEFA. Burros Blancos tenía su victoria más significativa en la visita a Nuevo León, 14-13 sobre los Auténticos Tigres. Pumas hizo lo propio en casa contra otro invicto, vapuleando 42-17 a los Leones Anáhuac.

La mesa estaba puesta para ser considerado el partido de la semana. Terminó siendo el mejor partido en diecinueve años. Y encerremos el paradigma a este milenio, para evitar polémica respecto a los grandes enfrentamientos desde 1950 hasta 1999. Desde que conocemos el 2000, no hay uno mejor.

La realidad es que, posiblemente ni en las expectativas más optimistas de los deseosos de espectáculo se presentó el escenario de lo que materialmente sucedió este sábado 12 de octubre de 2019. Una nueva edición del Clásico (sí, Clásico, porque clásico es tener frente a frente a la UNAM y al IPN, sean o no selecciones, sea fútbol americano, sea una competencia de química) que reescribió todos los libros de récords, y que para los asistentes y todo espectador, será un partido que recordaremos siempre.

Es parte de la mística de la rivalidad Poli-Universidad el esperar este tipo de juegos, llenos de emotividad. Es por eso que, aunque la cita fue a las nueve de la mañana por venia de las autoridades universitarias -misma hora que los juegos de infantil-, más de 45 mil personas se hicieron presentes en el Olímpico 68.

La gente no dejaba de llegar. Terminó el primer cuarto, y las filas continuaban en las inmediaciones del inmueble coyoacanense. Todavía hacia el medio tiempo, con el marcador favoreciendo 24-17 a los Pumas, seguían ingresando fieles unamitas y politécnicos, a pesar de llegar tarde. Es como si supieran que el partido sería el más loable entre los extraordinarios.

Tómelo usted, amable lector, de un periodista nacido en la década de los 90: el estadio se pintó casi como en las películas, esos filmes de la época del cine de oro mexicano, como Viva la Juventud, Dile que la quiero y Sí, Mi Vida que retrataban tanto al Estadio Olímpico como el de La Ciudad de los Deportes absolutamente a reventar. Este sábado no se llenó de la misma manera por dos razones: no se abrieron todas las localidades y el horario matutino. Aquellas postales de las películas son imágenes que, por el historial de trabas en las últimas dos décadas, parecían mera ficción, pero estuvieron cerca de ser replicadas.

No sobraba ni un sólo espacio de los que se hicieron disponibles en el Pebetero.

La gente estaba lista, la tradicional guerra de goyas contra huélums empezó desde las 8:40 de la mañana. Lo que no sabían es que las porras no pararían por la (casi) inconmensurable cantidad de anotaciones que hubo en el encuentro. Sólo uno de los tantos elementos disímbolos.

Pasados los primeros 50 minutos de juego efectivo, es decir, todavía con 10 minutos restantes para el final, ambos equipos habían anotado un total de 76 puntos. Luego de la quinta anotación total del QB de Burros Blancos, Alex García -su tercera terrestre-, los Politécnicos empataron a 38 por bando una pizarra a la que todavía le faltaba definir ganador.

Un partido normal, a 10 minutos del final, con ese marcador, ya hubiera sido considerado un gran encuentro. Pero este no fue un partido normal. Estaba pendiente el pandemonio.

Luego de que ambas ofensivas estuvieran corriendo a toda su potencia, irónicamente se entró en un limbo defensivo. Todos estaban desesperados, coaches, jugadores, aficionados, porristas. Bajaba el reloj y ya no había movimiento. El partido tuvo un total de cuatro patadas de despeje: dos de los mismos vinieron en series seguidas durante el cuarto cuarto.

Pero con seis minutos y el ataque terrestre siendo dominante -y el aéreo y cualquier tipo de ofensiva-, Pumas estaba enfilado a finiquitar el encuentro. Se estaban acabando el tiempo. Primera y gol desde la yarda 4. Un minuto y 17 segundos en el reloj.

Fue aquí donde todo se tornó surreal. La secuencia:

  • Marco Cisneros llevó un acarreo de 4 yardas aparentemente a las diagonales, pero justamente en la yarda 1, Juan Pablo García forzó un balón suelto, y Jerome García lo recuperó para la posesión politécnica. Touchback en el campo, y Burros salía con primero y diez a la yarda 20. El marcador se mantuvo 38-38.

¿Qué? ¿Fumble de Pumas en la yarda 1?

  • Dos jugadas después, en segunda y diez, Alex García intentó conectar con Eduardo Jiménez, sólo para que Gerardo Ramírez interceptara el balón y lo regresara 28 yardas al touchdown.

¿Qué? ¿Un pick-six de Pumas? ¿Luego de 10 touchdowns ofensivos, una jugada defensiva iba a definir el juego?

No tan rápido.

  • Un minuto en el reloj. Burros Blancos a la ofensiva desde la 25. Alex García conecta con Gustavo Pecechea hasta la yarda 39. Azotan el balón.
  • Cuarenta y ocho segundos. García conecta con Julio Hurtado, corredor novato, quien rompe el feroz tacleo de Jerónimo Arzate, profundo en su séptimo año, para lograr una ganancia de 6 yardas y salirse del campo. David Flores llega a remachar a Hurtado, y es penalizado con foul personal. Unas 15 yardas adicionales.
  • Treinta y cinco segundos. Luego de dos pases incompletos, es tercera y diez desde la 39 rival. García conecta con Pecechea hasta la 19 enemiga, se sale del campo. En bola muerta, foul personal contra Burros.
  • Veintiséis segundos. Primero y diez en la 34 rival. Alex conecta con Aarón García hasta la 29. Se sale del campo.
  • Diecinueve segundos. Segunda y cinco. Alex con el pase lateral a su hermano Luis Enrique. Va a lanzar profundo. Es incompleto, buscaba a Emilio García, tenía tres defensivos de Pumas encima. Se termina la jugada, algo le dice Jerónimo Arzate a Emilio: castigo, en bola muerta actitud antideportiva en contra de la UNAM. Además, foul personal contra el pasador, terminó por costarle 21 yardas a la defensiva.
  • Trece segundos. Primera y gol en la ocho. Diego Pareyón deja escapar la intercepción del gane.
  • Tres segundos. Dos pases incompletos preceden la cuarta y gol, mismas ocho por anotar. EL PARTIDO EN LA LÍNEA. García intenta el envío, incompleto. CASTIGO: holding de la defensiva auriazul. El reloj marca ceros, pero se jugará un down más.
El holding que extendió el partido. Usted juzgue.

¿En serio una jugada literalmente sin tiempo en el reloj iba a definir el rumbo del encuentro? Una jugada literalmente sin tiempo en el reloj iba a definir el encuentro. Aquí, cortesía de Canal Once:

El resumen de los últimos 77 segundos: un fumble, un pick six, cuatro castigos contra Pumas, uno contra Burros, un down en 00:00 para empatar el reloj, y un estadio con más de 45 mil asistentes, todos en absoluto shock, para bien o para mal.

Cuatro cuartos, 884 yardas, 146 jugadas, 39 primeros y dieces, 12 touchdowns, 20 castigos, tres horas y diez minutos después, no había nada para nadie. Empatado a 45, Burros Blancos y Pumas CU necesitaron prórroga para definir a un ganador en lo que se sentía no como un partido de temporada regular, sino un auténtico campeonato de liga.

El éxtasis en la tribuna local, la tribuna pintada de azul y oro, la tribuna que atiborró ambas plantas de la zona del Palomar, había desaparecido. Ese que Gerardo Ramírez había causado con su pick six con un minuto para el final, se había esfumado, sólo perduraba la zozobra de que un partido que se sentía ganado, estaba todavía en el aire.

De película, la entrada del Palomar.

Exactamente enfrente, todos pintados de guinda y blanco. Todo el pebetero y también la planta baja, absolutamente llenas, no sólo de personas, sino de esperanza, de locura, de felicidad de que Burros Blancos no había estado en ningún momento adelante en el marcador, pero estaban a punto de repetir la hazaña de 2018: conquistar a CU.

Y, oh, claro que lo hicieron.

Un partido así es lo más cercano a una guerra para estos jugadores. La ofensiva unamita languideció en el peor momento, a 15 yardas de las diagonales, por supuesto, víctima de una exhaustiva batalla. Por supuesto, la defensiva politécnica encontró un último respiro para detener. Entra el gol de campo de 31 yardas de Alberto González para la momentánea ventaja 48-45.

Para muchos, es cuestionable e innecesario afirmar un mote con tanto peso, especialmente en un fútbol americano como el nacional que en volumen es sumamente inferior al de los Estados Unidos. Para otros, Alejandro García no lo merece no por sus proezas en el campo, sino por actitudes fuera del mismo, o inclusive porque no tiene un anillo de campeón luego de tres años en la Liga Mayor.

Pero si el mejor quarterback de la nación no tiene convencidos a los escépticos de que lo es, este memorable clásico debería hacerlos reconsiderar, porque posiblemente nada más lo haga.

Fueron tres pases y cuatro carreras de touchdown para Alex, la última, de siete yardas la del gane, en la primera serie extra. Rompiendo tacleadas, el estilo del corpulento QB, y estirando la bola para romper las diagonales, reposando en su espalda, esperando la eventual marcación que terminaba la batalla: 51-48 en favor de Burros Blancos. Única ocasión en el juego que los politécnicos estuvieron arriba en el marcador. Pero fue en el momento definitorio.

No fue el show de un hombre: aunque García terminó con 297 yardas aéreas, 56 terrestres y sus siete touchdowns, el novato Julio Hurtado aportó 166 yardas en su primera visita en Liga Mayor al Olímpico, pasto donde 15 meses atrás fue el Jugador Más Valioso del Mundial U19. Del lado defensivo, César Mandujano obtuvo una obscenidad de estadística con 14 tacleadas.

Y sería ingenuo no dar el crédito a las espectaculares exhibiciones de los Pumas: 309 yardas y tres touchdowns totales para Daniel De Juambelz, 70 yardas terrestres para Cisneros, otras 81 para Víctor Hernández; dos sacks del enorme Francisco Espinoza, el pick six de Ramírez.

Los números, las jugadas, las emociones, todo, absolutamente todo se combinó para darnos el mejor partido del nivel universitario en México en el nuevo milenio. Cerca de 50 mil testigos en el estadio, por lo menos 150 mil más como espectadores en internet, y estamos a la espera de los ratings en las televisoras. Todas las gargantas desgarradas por gritos de emoción, de tristeza, por supuesto, de goyas y huélums.

En términos de standing, el partido significa que Burros Blancos, para la penúltima semana de temporada regular, estará hasta arriba, con su invicto intacto. Pumas exactamente abajo de ellos, esperando que tengan un descalabro para reclamar el tope en la lista.

En términos cualitativos, sin embargo, este es un partido que marca la temporada. Marca las carreras de los jugadores, que hayan sido estrellas, protagonistas, hayan contribuido con importancia, hayan pisado el campo o no, todos los que se pusieron hombreras y casco para el sábado, defendiendo la UNAM o el IPN, siempre recordarán esas tres horas de sus vidas.

No es un partido que se ve cada año. No se ve cada cinco años. Difícilmente se ve en toda una década.

Van 19 años del segundo milenio. Sin duda, éste es el mejor partido hasta ahora.

Para la historia.

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3 thoughts on “El mejor”

  1. Vaya reseña!! me transportó nuevamente al partido, y me justificó lo que ví con mis prismáticos desde las alturas y en medio de la locura, que a los Pumas, los perdió su altivez, su arroganc
    ia y su costumbre de salir corriendo del campo en actitud de superioridad insultante. Para mí, es uno de los mejores partidos que he visto desde 1951.

  2. Muchas felicidades por tu reseña, y sin duda el mejor partido que e visto desde antes de los setentas, soy Politécnico pero gracias a estos jóvenes de la UNAM y del Poli, por habernos regalado este gran gran juego.

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