receptor.com.mx citado por The New York Times

El contexto del duelo de temporada regular de la NFL en México, entre Texanos de Houston y Raiders de Oakland despertó el interés del prestigiado diario estadounidense The New York Times para realizar un reportaje acerca del fútbol americano de nuestro país. La única entrevista que realizó el Editor en Jefe del diario, Randal C. Archibold a un medio de comunicación en México fue a receptor.com.mx

receptor redacción

El juego de temporada regular entre Texanos de Houston y Raiders de Oakland programado para el lunes 21 de noviembre en el estadio Azteca de la Ciudad de México generó un interés especial para el prestigiado e influyente diario estadounidense The New York Times, que a través de su Editor en Jefe, Randal C. Archibold, publicaron este jueves un artículo que pretende exponer la importancia del futbol americano en una buena parte de sociedad mexicana.

Para tales efectos, el artículo de The New York Times desarrolló la historia de un jugador en activo de Borregos del Tec de Monterrey y algunos aspectos de lo que representa el fútbol americano en México.

A principios de noviembre, Randy Archibold envió un mensaje a la redacción de receptor.com.mx, posteriormente se puso en contacto vía telefónica. Comentó que había leído algunos artículos de nuestro portal por lo que le interesaba saber algunos temas realcionados con las becas del Tec de Monterrey, cuáles son los equipos más fuertes esta temporada, el desarrollo del fútbol americano en México, comparado con el fútbol soccer y la división de la Liga Mayor y sobre todo saber si hay suficiente afición para la NFL, entre otros temas.

Una semana después entrevistó vía telefónica al Editor de receptor.com.mx, Alberto García Castillo. El artículo titulado The Alabama Crimson Tide of México se publicó este 17 de noviembre.

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El portal receptor.com.mx fue el único medio de comunicación que fue consultado por el diario.

A continuación el artículo íntegro.

Versión en español

The New York Times

Deportes

Las razones del éxito de los Borregos Salvajes de Monterrey

Los jugadores del Tec de Monterrey son una fuerza poderosa en el ecosistema del fútbol americano en México. Esta es su historia de triunfos, derrotas y desafíos.

Por RANDAL C. ARCHIBOLD

19 de noviembre de 2016

MONTERREY, México — Como a muchos chicos que les enloquece el fútbol americano, Luis Carranza creció con un póster de su héroe, Emmitt Smith, en el muro de su habitación y soñaba con emularlo.

Desde los cuatro años, tomaba un autobús que tardaba una hora en llegar a su entrenamiento de fútbol americano; su disciplina de estudiar-correr-estudiar-correr hizo que se ganara un lugar en un equipo de una preparatoria de élite y después en lo más parecido a la Marea Carmesí de Alabama: los Borregos del Tec de Monterrey.

Ahora es un corredor estrella y hasta los aficionados más jóvenes gritaron su nombre y lo acorralaron para pedirle un autógrafo después de una victoria reciente, a pesar de que una lesión lo dejó fuera en los albores del juego. Una estrella es una estrella.

“Es una gran tradición aquí”, dijo Carranza. “Todos están comprometidos, incluso los aficionados más pequeños”.

Aquí no se come ni bebe en un estacionamiento antes del partido, pero los tacos del estadio no están nada mal. Nadie grita “¡Goooool!” a una pantalla gigante, pero “¡Touchdown!” tiene más sabor. En lugar de los contratos televisivos multimillonarios, una estación de televisión local y un sitio de internet transmiten los juegos. Los bonos que en un futuro tendrán estos jugadores por firmar probablemente no vendrán de la NFL, sino de los despachos de abogados y los negocios que muchos dirigirán después de graduarse.

La adicción al otro fútbol es muy conocida en este país. Sin embargo, la fiebre por el fútbol americano alimenta una subcultura vibrante arraigada en equipos universitarios que atraen a miles de fanáticos y jugadores para los Tigres, los Potros, los Aztecas, los Pumas, las Águilas Blancas y, uno de los equipos más antiguos y ganadores, los Borregos Salvajes.

“La gran diferencia con los estadounidenses es el tamaño y la velocidad; nos aventajan en eso”, señaló Carranza, de 23 años, para explicar la atracción por el deporte. “Pero aquí jugamos con corazón”.

El lunes 21 de noviembre, aprovechando la pasión por el fútbol americano que se vive en México, la NFL jugará su primer juego de temporada regular en Ciudad de México después de no hacerlo en más de 21 años: los Texanos de Houston contra los Raiders de Oakland en el famoso Estadio Azteca.

Los boletos para el primer Monday Night Football que se jugará fuera de Estados Unidos están agotados y se espera a más de 76.000 fanáticos.

El fútbol americano no tiene el alcance mundial del básquetbol y el béisbol, pero se juega en muchos países. En un torneo internacional de equipos universitarios, México ganó por segunda vez consecutiva el campeonato y este año derrotó a un equipo de Estados Unidos que conformaron jugadores de la tercera división. A México también le ha ido bien en torneos internacionales.

Esto no es una sorpresa para nadie en Monterrey, donde desde hace mucho tiempo los Borregos Salvajes han sido el ejemplo del mejor fútbol americano del país.

Fue solo un juego amistoso, pero la derrota de 2009 que sufrió Blinn College en Texas, con Cam Newton como mariscal de campo, aún se recuerda.

“No sabíamos nada de ese equipo, pero escuchamos muchos rumores sobre el gran mariscal de campo de la Division I que jugaba con ellos”, indicó Sergio Cantú Muñoz, un entrenador del Tec y un exjugador que interceptó a Newton, quien en aquel entonces jugaba para Blinn College.

Luego de mostrar el video de la jugada que tiene en su celular, agregó: “No me di cuenta hasta después de lo importante que era”.

A lo largo de los años, un puñado de jugadores mexicanos ha llegado a entrenar en equipos de práctica de la NFL, pero en México solo ha habido ligas profesionales incipientes, entre ellas la que arrancó en febrero y que únicamente tiene cuatro equipos.

La mayoría de los jugadores saben que este es el pináculo del deporte. Después se gradúan y siguen con sus carreras.

La liga da siete años de elegibilidad a los jugadores, siempre y cuando estén inscritos en las clases; por lo tanto, hay jugadores que están cursando su maestría.

Carranza está estudiando para ser abogado, como varios de sus compañeros, mientras que otros jugadores se están esforzando para trabajar en finanzas, ingeniería y otras carreras. El equipo tiene un promedio de graduados del 90 por ciento.

Esto hace que el Tec de Monterrey, una de las mejores escuelas académicamente hablando en América Latina, se parezca más bien a Stanford. Sin embargo, tiene más campeonatos que cualquier otra institución y presume de tener la tradición ganadora de Alabama.

“Yo diría que son como un equipo mediano de la Division II o uno fuerte de la Division III”, opinó Frank González, un exentrenador de muchas temporadas que trató que la universidad entrara a la NCAA, pero no tuvo éxito. “Ha habido muchos jugadores con las cualidades suficientes para jugar en la NFL, pero hay muchos más jugadores con estas características en Estados Unidos. No tenemos el desarrollo de talentos apropiado para mandarlos a la liga”.

Los jugadores dicen que se involucran más por el deporte que por la fama.

A diferencia del fútbol, que tiene una poderosa liga profesional y un sistema de clubes y academias para reclutar y formar a jugadores jóvenes, el desarrollo de talentos del fútbol americano es más hecho a la medida.

Muchos han seguido los mismos pasos: son hijos de jugadores de fútbol americano que entran a uno de los cientos de clubes juveniles que hay de este deporte en el país y después llegan a equipos de preparatorias y de universidades, frecuentemente con la ayuda de becas.

El Tec de Monterrey ha tenido equipo de fútbol americano desde hace casi 70 años, gracias a los estadounidenses que trajeron el deporte a México años antes.

La televisión y, de forma más reciente el internet han ayudado a avivar el interés por el juego; durante años se han transmitido de manera regular los partidos colegiales y de la NFL, y la televisión vía satélite y por cable ha expandido la oferta.

El Tec y la proximidad de casi tres horas en auto a la frontera con Texas han hecho de Monterrey un semillero del fútbol americano.

En una noche reciente, cientos de niños vestidos con cascos y hombreras corrían a lo largo y ancho de un campo debajo de las luces del estadio: aspiraban a entrar al Tec o a uno de sus equipos rivales. Algunos de los Borregos entrenan a jugadores más jóvenes.

Aquí, los padres también han comenzado a preocuparse por las contusiones y las graves consecuencias que pueden presentar en la adultez, aunque el asunto no ha tenido la misma cobertura que en Estados Unidos.

Hugo Barberi, el entrenador de uno de los equipos más grandes de Monterrey, dijo que la afiliación bajó cerca de 15 por ciento después de la película Concussion acerca de un patólogo forense que lucha para que la NFL reconozca la enfermedad cerebral que sufren los jugadores debido a los años que le dedicaron el deporte. Sin embargo, en meses recientes se ha restablecido el interés por el juego.

El club redujo el contacto en los entrenamientos y cambió las técnicas de ataque para reducir las colisiones cabeza con cabeza.

Del mismo modo, a nivel universitario se han introducido pruebas antes y a lo largo de la temporada, y los entrenadores aseguran que se han hecho esfuerzos para limitar los golpes peligrosos.

La mayoría cree que, aunque el nivel de conciencia sobre las posibles consecuencias para la salud no es el mismo que en Estados Unidos, tampoco lo es la intensidad del juego.

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“Aquí no se juega de manera tan física”, indicó Alberto García Castillo, el dueño y editor de Receptor, una publicación en línea mexicana que cubre el fútbol americano. “Sí hay golpes, pero se hacen sin perder el valor y el respeto por el rival”.

Pero también se siente el deseo por ganar, y el dominio del Tec y sus otros campus —el cual se debe en parte a las ofertas de generosas becas— llevó a que la liga universitaria se dividiera hace varios años. Los campus del Tec (de uniformes azul y blanco, y con el mismo nombre: Borregos) se juntaron con otras universidades privadas, mientras que las universidades públicas tienen su propia liga.

Son rivales feroces y, según García Castillo, se han acusado los unos a los otros de prácticas injustas de reclutamiento.

Este año hubo juegos entre las dos ligas, algunos reunieron a miles de aficionados y los campeones de las dos conferencias se enfrentarán en un Supertazón por primera vez desde la separación.

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Los Borregos de Monterrey sienten la presión de llevarse la victoria.

Llegan a las finales de este sábado con un registro de 6-4, aunque normalmente terminan invictos o tienen una o dos derrotas.

Sin embargo, esta ha sido una temporada de pruebas. Carlos Altamirano, el entrenador en jefe, es el tercero de esta temporada, después de que despidieron al primero por maltratar a un jugador en un entrenamiento y que un interino no diera el ancho para el puesto.

“¡Eso! ¡Eso!”, gritaba, mientras hacía que los mariscales de campo corrieran series para esquivar capturas; al mismo tiempo sonaban en los altavoces “Highway to Hell” y otros éxitos de rock y hip-hop estadounidenses.

Las instrucciones —y groserías— en español se mezclan con la terminología habitual en inglés: touchdown (anotación), quarterback (mariscal de campo), lineman (liniero). Las jugadas también se escriben y tienen nombres en inglés, en parte porque muchas se han adaptado de sus contrapartes estadounidenses y varios de los entrenadores han asistido a clínicas de entrenamiento en Estados Unidos. Por un tiempo, los entrenadores quisieron que los jugadores “jugaran en inglés” para que se sintieran familiarizados con los términos si lograban una prueba con un equipo estadounidense.

En gran medida, esto último sigue siendo un sueño.

Carlos Martell, de 23 años, un apoyador que es compañero de clase de Carranza en derecho, creció rodeado de recuerdos de fútbol americano y cada domingo su padre invita a los amigos y la familia a ver los partidos de la NFL. Ha jugado este deporte desde que tenía cuatro años, pero sabe que no tiene el tamaño ni la velocidad para jugar al nivel de la NFL.

“Aquí, lo principal es la escuela, tus estudios”, comentó. “Podemos soñar con jugar en la NFL, pero también sabemos que lo han logrado muy pocos”.

Antes del último partido de la temporada regular, los jugadores se reunieron en las gradas del estadio para animarse entre ellos. Después de 66 años, el estadio albergará el último juego de local, ya que será demolido y se construirá otro. Los jugadores también colgaron una pancarta con sus firmas que decía “Siempre nuestra casa”.

“Dejen todo en el campo”, dijo uno. “Lo que pase mañana quédenselo en el corazón”, instó otro. “¡Vamos a destrozarlos!”, gritó uno más.

Y lo hicieron: 28-0. Demolieron al oponente, los Borregos campus Tec Ciudad de México. En el último cuarto, cuando los altavoces del estadio tocaron “Jump Around”, los jugadores brincaron sobre la banda.

Solo unos cientos fueron al juego; el Tec suele ganar y, después de todo, muchos jugadores y entrenadores creen que las ligas deben volverse a unir para que los mejores equipos del país se enfrenten de manera regular.

“El nivel de competencia debe mejorar”, indico Eduardo Marcos Califa, de 23 años, quien logró una de las anotaciones. “Si sucede, aumentará el interés”.

Carranza estuvo en la banca casi todo el juego, y no por primera vez. Tuvo una ruptura en el ligamento de la rodilla hace unos años, pero logró recuperarse.

“El fútbol americano te enseña que hay subidas y bajadas”, indicó. “No te rindas, supera retos. Nuestras clases son retos constantes y tenemos que encontrar soluciones. Tenemos que intentar cosas diferentes. Es lo mismo en el campo. Así ha sido mi vida en el terreno”.

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Versión en inglés

The New York Times

Sports

The Alabama Crimson Tide of México

Randal C. Archibold

MONTERREY, Mexico — Like many football-crazed boys, Luis Carranza grew up with a poster of Emmitt Smith, his hero, on his bedroom wall and vowed to emulate him.

He took a one-hour bus ride to football practice, starting at age 4, and the discipline of study, running, study, running earned him a spot first on an elite high school team and then on what may as well be Mexico’s Crimson Tide: the Rams of Tec de Monterrey.

He is now a star running back, and pint-size fans cried out his name and engulfed him for autographs after a recent victory, even though an injury had knocked him out of the game early. A star is a star.

“It’s such a big tradition here,” Carranza said. “Everybody is committed, even the little fans.”

There is no tailgating here, but the stadium tacos aren’t bad. Nobody cries “Gooooool!” at a big score, but the “touch” in “Touchdown!” gets more gusto. Instead of billion-dollar television deals, the games are limited to local TV and streamed on an internet site. And whatever signing bonus these players have in their future will probably come not from the N.F.L. but from the law firms and businesses many are headed to after graduation.

The addiction to the other fútbol — “fútbol soccer,” as people make the distinction here — is better known in this country. But the fever for American football — “fútbol americano” — feeds a vibrant subculture rooted in college teams that attract thousands of fans and players for the Tigres (Tigers), the Potros (Colts), the Aztecas (Aztecs), the Pumas, the Águilas (Eagles) and, one of the oldest and winning teams, the Borregos Salvajes (Rams.)

“The big difference with the Americans is size and speed, in which they have an advantage over us,” Carranza, 23, said, explaining the appeal. “But here we play with heart.”

On Monday, the N.F.L., picking up on the American football passion here, will play its first regular-season game in Mexico in 11 years, the Houston Texans versus the Oakland Raiders at the famed Azteca Stadium in Mexico City.

The game, the first Monday Night Football contest to be played outside the United States, is sold out, with 76,000 expected to attend.

The addiction to the other fútbol — “fútbol soccer,” as people make the distinction here — is better known in this country. But the fever for American football — “fútbol americano” — feeds a vibrant subculture rooted in college teams that attract thousands of fans and players for the Tigres (Tigers), the Potros (Colts), the Aztecas (Aztecs), the Pumas, the Águilas (Eagles) and, one of the oldest and winning teams, the Borregos Salvajes (Rams.)

“The big difference with the Americans is size and speed, in which they have an advantage over us,” Carranza, 23, said, explaining the appeal. “But here we play with heart.”

On Monday, the N.F.L., picking up on the American football passion here, will play its first regular-season game in Mexico in 11 years, the Houston Texans versus the Oakland Raiders at the famed Azteca Stadium in Mexico City.

The game, the first Monday Night Football contest to be played outside the United States, is sold out, with 76,000 expected to attend.

A handful of its players over the years have landed on practice squads in the N.F.L., but Mexico has had only fledgling professional leagues, including one that started in February but has only four teams.

Most players here know that college is the pinnacle of the sport. And then they graduate and move on to careers.

The league gives players seven years of eligibility as long as they remain enrolled in classes, meaning some are earning master’s degrees.

Carranza is studying to be a lawyer, as are several of his teammates, while other players are working toward jobs in finance, engineering and other professions. The team claims a 90 percent graduation rate.

It makes Tec de Monterrey, one of the highest-ranking universities academically in Latin America, something more of a Stanford, then. But, with more championships than any other college, it can brag of the winning tradition of an Alabama.

“I would say they are like a midway Division II team or a strong Division III,” said Frank Gonzalez, a former longtime coach who unsuccessfully sought to have the university join the N.C.A.A. “There have been many players good enough to play in the N.F.L., but there are many more players good enough in the United States. There is no pipeline here to send them to the league.”

The players say they are in it more for the game than for the fame.

Unlike soccer, with a powerful professional league and a system of clubs and academies to recruit and mold young players, the American football pipeline is more ad hoc.

Many have followed a similar progression, the sons of players who joined one of the hundreds of youth football clubs in the country and then landed on high school and college teams, most often with the help of scholarships.

Tec de Monterrey has had a football team for nearly 70 years, an outgrowth of the sport carried to Mexico by American visitors years before.

Television, and more recently the internet, have helped stoked interest in the game; N.F.L. and college games have regularly aired for years, and cable and satellite television has expanded the offerings.

With Tec and the proximity to the border — about a three-hour drive to Texas — Monterrey has been a football hotbed.

On a recent night, hundreds of children clad in helmets and pads raced up and down a field under stadium lights, aspiring to join Tec or one of its rival teams. Some of the Rams coach the younger players.

Concerns about concussions and their serious consequences into adulthood have been raised by parents here, though the issue has not been as extensively covered as in the United States.

Hugo Barberi, the coach of one of the largest teams here, said that membership had dropped off about 15 percent after the 2015 movie “Concussion,” about a forensic pathologist’s fight against the N.F.L. to recognize brain disease in players linked to their years of playing but that it had rebounded in recent months.

The club reduced contact at practices and changed tackling techniques to de-emphasize head-to-head collisions.

Likewise, at the college level, neurological testing has been introduced before and during the season, and coaches said efforts had been made to curtail dangerous hits.

The thinking here is that while the level of awareness of the health consequences might not be the same as in the United States, neither is the intensity of the game.

“The game is not as physical here,” said Alberto García Castillo, the owner and editor of Receptor.com.mx, an online publication in Mexico that covers American football. “There are hits, but it is done without losing valor and respect for the other side.”

Still, teams want to win, and the dominance of Tec and its sister campuses — fed in part by robust scholarship offers — resulted in the college league’s being divided several years ago.

Tec campuses — they all wear blue-and-white uniforms and have the same Borregos nickname — joined with a handful of other private universities, while the public universities have their own league.

They are fierce rivals and, García Castillo said, have accused each other of unfair recruiting practices.

This year, there were some interleague games — some of them drawing thousands of fans — and the champions of the two conferences will meet in a “super bowl” for the first time since the split.

For the Rams in Monterrey, the pressure is on to win it.

They enter the playoffs Saturday with a 6-4 record, while they have previously been undefeated or have only one or two losses.

But it has been a trying season. Carlos Altamirano is the third coach this season, after one was fired for manhandling a player in practice and an interim one did not get the top job.

“Eso! Eso!” That’s it! he barked, pushing the quarterbacks through a set of scrambling drills as “Highway to Hell” and other rock and hip-hop hits blared from speakers.

Instruction — and cursing — in Spanish mixed with the usual English football terms: touchdown, quarterback, lineman. Plays are written and called in English, as well, partly because many are adapted from the team’s American counterparts and several of the coaches have attended training clinics in the United States. For a time, coaches wanted the players to “play in English” so they would be familiar with the terms if they earned a tryout with an American team.

That largely remains a dream.

Carlos Martell, 23, a linebacker who is Carranza’s classmate in legal studies, grew up surrounded by football memorabilia, and his father invites friends and family members over every Sunday to watch N.F.L. games. Martell has been playing the game since he was 4, but he knows he is not big or fast enough to play at the N.F.L. level.

“Here, the main thing is school, your studies,” he said. “We may have dreams about playing in the N.F.L., but we also know so few have made it.”

Before the last regular-season game, the Rams players gathered for a vulgarity-laced pep rally among themselves in the stands of the football stadium, which was set to host its final game. After 66 years, it will be demolished and a new football stadium built. The players hung a banner reading “Always Home” and signed it.

“Leave everything on the field,” said one. “What happens tomorrow, keep it in your heart, man,” urged another. “Let’s rip this mother up, boys!” said another.

And so they did, demolishing their opponent, the Rams of Tec’s Mexico City campus, 28-0. In the fourth quarter, when the stadium loudspeaker played “Jump Around,” that is what the Monterrey players did on the sideline.

Only a few hundred people attended the game; Tec usually wins, after all, and many players and coaches believe the leagues should reunite so that the best teams across the country face each other more regularly.

“The level of competition needs to improve,” said Eduardo Marcos Califa, 23, who scored one of the touchdowns. “If that happens, the interest will grow more.”

Carranza ended up on the sideline for much of the game, and not for the first time. He had torn a ligament in his knee a couple of years ago but managed to bounce back.

“The ups and downs, this is what American football teaches you,” he said. “Don’t give up; overcome challenges. Our classes give you constant challenges, and you have to find solutions. You have to try something different. That’s the same on the field. That’s been my life on the field.”

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