Regresó Águilas Blancas-Pumas para cumplir sus propias expectativas

El ambiente armonioso y familiar no son requerimientos, son expectativas de y en la comunidad del fútbol americano. Con el regreso del Águilas Blancas-Pumas a la Ciudad de los Deportes, el fútbol americano sigue cumpliendo con todos los elementos de un espectáculo, aunque a veces la rivalidad vuelva las cosas muy frágiles.

Alberto García Ramos / receptor
Fotos: Ernesto García / receptor

Los lapsos de tiempo sin fútbol americano significativo para un equipo de liga mayor pueden superar los ocho meses. Desde finales de noviembre hasta las primeras semanas de septiembre del siguiente año, lo único que queda para aficionados y gente de fútbol es crear narrativas, las cuales siempre girarán en torno a las expectativas. 

El partido del sábado podría aislarse de dichas narrativas y aún así concentrar una expectativa masiva. Sí, usando correctamente la palabra “masiva”, porque cada que le dan oportunidad, la rivalidad institucional más importante del país demuestra la capacidad de convocatoria que seguramente envidian el resto de los deportes estudiantiles.

Una expectativa, de fachada dicotómica, pero substancia simétrica: ver al equipo de los amores alzarse victorioso, pero no sólo celebrar la victoria, sino haberla logrado contra el acérrimo rival, el odiado, el históricamente diferenciado. 

Primer partido, abrir la temporada. ¿Cuántas narrativas no se crearon alrededor del Estadio de la Ciudad de los Deportes, acerca de lo que pasaría en su cancha? Pumas CU llegó con staff semi-renovado, pero con el cambio de timonel que fue tan mediático como turbulento. Águilas Blancas inmiscuido en el festejo, el júbilo alrededor de Santo Tomás por el medio centenario de existencia que se cumple. 

Por primera vez en mucho tiempo, no hubo trabas de espacio geográfico para los aficionados de ambos conjuntos. La última vez en esta rivalidad que las Águilas Blancas fungieron como local, a puerta abierta, y en la ciudad de México -donde residen-, fue en 2007, cuando el Foro Sol todavía tenía césped y el pensamiento de volver a adaptarlo para recibir automovilismo de Fórmula 1 era más bien un sueño.

Pero parecía que el querer ver un Pumas-Águilas en la capital del país también era una aspiración, ya que durante la última década, fue trasladado -¿por precaución?- a Puebla, Puebla (2009); Naucalpan, Estado de México (a puerta cerrada en 2011); Pachuca, Hidalgo (2013, 2015); y Zapopan, Jalisco (2017), privando a aficionados de tener posibilidades reales de vivir el encuentro si Ciudad Universitaria no era el inmueble designado. Año non era año de incertidumbre.

El único obstáculo a vencer en 2019, sin embargo, fueron las ganas de desvelarse en viernes, ya que el sábado a las 9 de la mañana, el partido estaría listo para arrancar (en la realidad, fue 9:24). Madrugar no fue oposición suficiente para que los auriazules y guindiblancos atiborraran las localidades disponibles del histórico recinto colindante a la Colonia Nápoles. 

Las Águilas Blancas, por primera vez desde 2007, frente a su afición, como locales, enfrentando a Pumas CU.

Por segundo año consecutivo que el Estadio de la Ciudad de los Deportes fungió como casa -al menos una semana- para las Águilas Blancas. En 2018, fue para recibir a sus hermanos de institución, los Burros Blancos. Pero dar el kickoff de la temporada en dicho césped, teniendo en frente al dorado brillante de la UNAM representaba motivación especial en los aires de Santo Tomás. 

Es parte de las expectativas que se crearon para la escuadra de Enrique Zárate. La “muralla guinda” contaría en 2019 con el Jugador Más Valioso de Conadeip (César Durán, ala defensiva que migró desde Tec Toluca) y el Defensivo del Año de ONEFA (Emmanuel Cajiga, linebacker de tercer año). Éxodo de talento, probablemente. 

En los confines del pedregal sureño, la temporada muerta tuvo sus altibajos. Aunque primero fueron bajos, con la destitución del HC Otto Becerril, la consecuente designación de Felix Buendía como relevo, y el desconocimiento de los jugadores hacia el nuevo timonel. Las aguas retomaron su cauce, las partes en conflicto encontraron el riel,  y procedieron a impresionar en sus scrimmages.

A las nueve de la mañana en sábado, en el primer partido de temporada regular, recuperar el ritmo para la máxima eficiencia no es algo que se particulariza a los jugadores. Un error de comunicación resultó en una ceremonia protocolaria acelerada, donde los tambores de los elementos de la Secretaría de Defensa Nacional y Marina se encimaron con las primeras estrofas del himno mexicano. 

A pesar de la confusión, el director del Instituto Politécnico Nacional, Mario Rodríguez, entonaba con fervor, como lo ha hecho en las tres ocasiones en los últimos 11 meses que el Poli visita el estadio pintado de azul. Cosa contraria del rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, que para la foto durante el día de prensa sí estuvo, pero ver a los Pumas accionar no está como prioridad en su agenda de reelección. Regresando a las expectativas, Enrique Graue las cumplió. 

¿Qué clase de evento reúne a tanta gente tan temprano? Si excluimos las obligaciones escolares y laborales, ¿por qué cerca de 30 mil almas habrían de concurrir en una mañana nublada, atractiva para no salir de cama? 

Para vivir una edición más, por supuesto, de la guerra de Goyas y Huélums. Para recibir el año nuevo de la Liga Mayor, que aunque técnicamente empezó siete días antes, necesitaba del toque de espectacularidad para sentir que en serio está de regreso. 

La emoción de comenzar con el Clásico, y la temporada, palpable para el LB Diego Pareyón, de Pumas CU.

Durante la conferencia de prensa par de días previos se anunció que estarían a la venta 25 mil boletos, sin acceso a las cabeceras. Eran 9:50, a punto de finalizar el primer cuarto, y no quedó de otra más que abrir la cabecera norte, porque los aficionados de las Águilas Blancas no paraban de llegar. La zona reservada para los unamitas estaba completamente tapizada de azul -marino-, oro y gargantas retumbantes. 

La cancha estaba igualmente infestada pero de reporteros, camarógrafos y fotógrafos: la cobertura mediática del espectáculo deportivo es directamente proporcional al número de aficionados interesados. Los casi treinta millares de presentes son los más efervescentes, pero no habría que subestimar a los miles más buscando información y actualizaciones desde su hogar. 

Entre el juego físico que estaban proponiendo ambos equipos y el óxido que intentaban removerse los jugadores, el partido durante los primeros 30 minutos sólo vio una anotación: la de Sebastián Villagrán para Pumas CU en acarreo de cuatro yardas. No fue la primera Goya eufórica que escapó de la tribuna universitaria, pues apenas en la segunda jugada del encuentro, Gerardo Ramírez consiguió su primera de dos intercepciones. 

Había deseo de buen fútbol, para algunas personas -con la combinación de la hora y la temperatura fresca- había deseo más de un café que de una cerveza, de lo que no había deseo era de grupos porriles. Tarde, pero llegaron, instalados en la sección alta del estadio, alejados de las familias. Al ser tan pocos, pasaron del retardo al olvido.  

La intermisión entre segundo y tercer cuarto no fue descanso para las porristas tanto de Águilas Blancas como de Pumas, quienes desempeñaron sus piruetas y saltos como segundo acto sucediendo al grupo de Rock&Roll “Los Grillos” -el cuál nada tiene que ver con el director editorial y fundador de esta página-. 

Para jugadores es el descanso, para el equipo de animación es el momento de lucirse.

El cansancio terminó por doblar a la muralla guinda, dando pie a que los Pumas lograran dos touchdowns en los siguientes 16 minutos al medio tiempo, de la misma manera que la lluvia mermó ambas tribunas, especialmente la del lado politécnico. Fue justamente hacia el final del tercer cuarto que la brisa se tornó por unos momentos en lluvia, si bien no tupida, pero constante. Abajo 14-0 con Pumas a punto de meterse a las diagonales, y algunos de la tribuna guinda prefirieron dirigirse a la salida para desayunar. 

Minutos más tarde, con un bombazo de Daniel de Juambelz a Germán Malanche para el segundo touchdown de ambos y la daga sobre los volátiles, el lado poli se volvía cada vez más reservado para los más devotos a Santo Tomás. Fueron recompensados con cinco minutos para el final, ya que un pase de touchdown de Yair Márquez a Mauricio García terminó por sacar las frustraciones de la inminente derrota con un Huélum del honor, además de servir para recordarnos que la fonética del grito politécnico hace que el volumen sea mayor al goya aunque sean superados en bocas. 

Se pitó el final y otro clásico de temporada regular pasaba a los libros. ¿Cumplieron las expectativas? Si usted se fue por los momios que señalaban que Pumas anotaría el promedio de puntos que logró en 2018, entonces lo afirmaría. Si se inclinó por mayor protagonismo del muro rojo, la realidad no le fue favorable. 

¿Pero qué hay de las expectativas macro? Las de siempre: el comportamiento, el ambiente familiar, la armonía, el mantener el protagonismo para los gladiadores dentro del campo, se cumplió, casi, totalmente. Y es casi por un incidente que no pasó a mayores pero nos recuerda lo frágiles que son estas oportunidades. 

Unos 20 minutos antes del kickoff pactado, una discusión verbal acrecentó cerca de las escaleras de la puerta uno: era un aficionado de Pumas -visible, pues traía un jersey- con sus acompañantes vistiendo parafernalia del Politécnico, sentados del lado local. El conato fue provocado por otros fieles a los guindas, pues exigían que el joven unamita se saliera de la zona, y sus acompañantes defendieron su derecho a permanecer. 

Al grito de “Déjenlo, déjenlo”, demás seguidores de las Águilas -quienes sí entienden que la rivalidad es fraterna y no más- replicaron el apoyo a que si el aficionado a Pumas quería compartir el partido con sus amigos polis, lo podía hacer. Un grito en particular encapsula por qué este momento donde las tensiones ya eran altas -y se extendió por 10 minutos ya que se aferraban a sacar al puma- es tan importante, vino de un padre de familia:

“¡Por estas mamadas lo hacen a puerta cerrada, ya déjenlo!” 

Dicho señor -y la suprema mayoría de los aficionados presentes en todo el estadio- entiende que en el imaginario de la comunidad del fútbol americano, ya no se espera la violencia mas que en el emparrillado; eso lo esperan los externos. Los efervescentes terminaron por regresar a sus asientos, y el partido pudo iniciar su protocolo en paz.

Pasado el medio día, cuando prácticamente no quedaban personas en el Estadio, se confirmó una vez más el saldo blanco en la rivalidad institucional más importante de todo México. 

Pumas, por vía de declaraciones de su HC, dejaba entender que sus expectativas para el arranque de temporada fueron cumplidas. Águilas Blancas se quedó corto, más allá de la derrota, por el desempeño ofensivo. La afición, como si cada partido de esta índole fuese una prueba, cumplió con lo que se espera, pero claro, como equipo ganador o equipo perdedor, siempre hay espacio para aprender. 

Como que un aficionado rival se puede sentar en la tribuna y no ser amedrentado. Porque las Águilas Blancas pueden ir a la banca visitante y entonar un goya discreto con los fanáticos universitarios. Ésa es una tradición -entonar la porra rival- muy reciente en los Pumas-Poli y antes, completamente inesperada. Ahora, es parte de las expectativas, esas que no siempre se van a cumplir, pero que de hacerlo, le dan rumbo positivo para lo que se busca.

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