Pumas CU impenetrable, vence 31-10 a las Águilas Blancas en Olímpico abarrotado

  • Los Pumas CU y las Águilas Blancas cerraron la temporada regular de la Liga Mayor en ONEFA. Un juego de consolidación, dentro y fuera del emparrillado. La actuación defensiva de los universitarios fue tan impresionante como el ambiente vivido en las tribunas del Estadio Olímpico Universitario, el cual por primera vez desde 2012 le inyectó color a esta rivalidad.

Alberto García Ramos
Fotos: Ernesto García 

Las Águilas Blancas del Instituto Politécnico Nacional se metieron al Estadio Olímpico Universitario para medirse frente a los Pumas CU en el cierre de la temporada regular de la Conferencia Verde de la Liga Mayor de ONEFA.

El partido se celebró a las 10 de la mañana, por lo que la cita fue muy temprano para todos los aficionados que quisieran encontrar un lugar en el recinto deportivo más importante del Campus Central de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Eso no fue impedimento para los más de 35,000 asistentes que llegaron.

La concurrencia matutina estaba puesta para la clásica e incesante guerra de Goyas y Huélums que desde las 9:20 dio inicio. Los proyectiles sonoros viajaban de la tribuna del Palomar al Pebetero y viceversa, en lo que ya es una tradición en el fútbol americano estudiantil.  Está de más decirlo, no porque sea molesto pero resulta repetitivo, aunque igual es parte de la realidad: el único deporte amateur en México capaz de generar dicha convocatoria. Y eso en horario de Infantil AA.

Dentro del campo, la defensiva de los felinos del pedregal llegaba como la fortaleza más evidente en ambos bandos. Una unidad que hasta antes de este partido llevaba 36 puntos totales permitidos, o un promedio de 5.1 por partido. Eso es menos que un touchdown cada encuentro.

En 2018, no hay equipo que haya cruzado las diagonales más de una vez contra la defensiva de los Pumas. Han colgado 0 en tres marcadores finales en lo que va del año, y la mayor cantidad de puntos que han permitido en un partido: 13.

Por supuesto, los campeonatos no se ganan en la temporada regular. Ha sido tema común en esta temporada de la Liga Mayor: los campeonatos se ganan en noviembre. Pero la escuadra universitaria tiene un pedigree que incluye cinco campeonatos en la última década. Claro, esos equipos no son los mismos que en 2018, pero demuestra que Pumas ya ha ganado algo. 

Las Águilas Blancas eran un rival incógnito, que contra las Águilas de Chihuahua metieron 33 puntos y contra la Anáhuac metieron otros 34, pero contra los Burros Blancos apenas metieron 7. Una triada de Quarterbacks habían fungido en la tutela de los Volátiles: Julio Vázquez (16), Yair Márquez (12) y Ricardo Angüis (14).

Para el último cotejo de temporada regular, fue Vázquez, el veterano, quien arrancó con la titularidad. “Sabíamos de la defensiva con la que cuenta Pumas, es una defensiva agresiva, fuerte, por lo tanto teníamos que deshacernos rápido del balón para que no se dieran esos sacks”, declaró el Head Coach Enrique Zárate una vez finalizado el partido acerca de la decisión de abrir con Vázquez, quien no lo hacía desde la semana 3 en Nuevo León. Pumas terminó con seis capturas sobre el mariscal de campo, tres de esas sobre el propio Vázquez.

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Fue una mañana difícil para el ataque de las Águilas Blancas

No, el enfrentamiento no fue fácil para las Blancas, a pesar de que ellos fueron quienes salieron más agresivos. En la primera jugada del partido, fueron profundo con un intentó de pase de Vázquez que viajó unas 50 yardas en el aire y posiblemente pudo haber sido completo si el defensivo al que retó no hubiera sido Jerónimo Arzate (10), el mejor esquinero del país.

Dicha primera serie terminó en un despeje cuatro jugadas después, y los Pumas aplanaron a la oposición en su primera oportunidad ofensiva. Trece jugadas les tomó recorrer 82 yardas para capitalizar con un touchdown de Marco Durán (15) a Alejandro Prado (9), conexión de cuatro yardas.

En las tribunas, la gente no dejaba de llegar. Ya quisiera un partido profesional en México, de la disciplina que guste, estar programado a las 10 de la mañana y tener la efervescencia que genera este Clásico. Otra vez siendo reiterativo, pero es que sí es un Clásico. Lo dijeron en la semana el capitán Puma, Mario Eduardo Cañas, y el superestrella linebacker del Poli, Emmanuel Cajiga: se juega diferente. Clásico es tener a la UNAM y al IPN compitiendo en la misma disciplina deportiva.

Primero se veía una entrada floja, claro, floja para los estándares de este partido. Fue hacia inicios del segundo cuarto que se llenaron los espacios abiertos en la planta superior del aposento, y la zona inferior también se abarrotó por lo menos unas 80 yardas de largo tanto en el lado guinda como en el auriazul.

La cifra es incierta, y los cálculos varían. ¿30,000? ¿35,000? ¿45,000? Algunos se aventaron a dar ese último número, pero sea cual sea, es uno impresionante, muestra de lo que la comunidad estudiantil del FBA puede lograr cuando se le da la oportunidad.

Oportunidades como las que se le presentaron a la ofensiva de las Águilas Blancas, pero si pretendes meterte a CU para ganarle a los Pumas, no puedes capitalizar con goles de campo, necesitan ser touchdowns.

En su segunda serie ofensiva, los Volátiles fueron beneficiarios de dos foules personales de la defensa universitaria. Treinta yardas que fueron claves para mantener la serie viva, serie en la que el Poli se metió hasta la yarda 12 para anotar. Sin embargo, las mejores defensivas se cierran en la zona roja. Águilas Blancas se conformó con un gol de campo de 27 yardas de Ángel Corona (49).

El siguiente par de series tuvieron potencial para el caos, pero es que fumble multiplicado por fumble cancela el daño, claro, eso para la UNAM, porque el Poli dejó ir otra oportunidad de touchdown.

Con los Pumas marchando, fue el propio Cajiga (3) quien provocó un fumble con un fuerte golpe sobre Víctor Hernández (44) para que la muralla guinda se alzara con la posesión y le dio primero y diez a su ofensiva en la 34 del rival.

Sólo tres jugadas después, sin embargo, Pumas repitió la dosis. Luis Canela (43) forzó el fumble sobre Aldo Narvaez (11) quien iba encarrerado a las diagonales, y si hubiera mantenido el balón, las Blancas hubieran tenido primera y gol. En su lugar, la defensiva auriazul cayó sobre el ovoide en propio touchdown, y el touchback sacó a la 20 a los Pumas, que otra vez, negaron puntos del rival a pesar de empezar con el campo corto. Una pequeña dosis de locura dentro de las acciones futbolísitcas.

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A punto de ser touchdown para las Blancas, pero en su lugar, Pumas recuperó la posesión ofensiva.

La serie ofensiva consecuente de Pumas volvió a ser metódica. Fueron 16 jugadas necesarias para recorrer 80 yardas, al final un acarreo de anotación de 1 yarda de Hernández representó el 14-3 y remidió al veterano corredor de su pifia minutos atrás.

¿La respuesta de Águilas Blancas? Un tres y fuera. ¿La contra réplica de la UNAM? Otra serie de puntos, un gol de campo de 44 yardas de Diego Reyes (26) cuando el cronómetro llegaba a 00:00 en la primera mitad.

Si algo abundó en el campo de juego en ese primer medio, fueron los castigos. Un combinado de 10 pañuelos amarillos entre ambos equipos cayeron al pasto verde del Olímpico 68. Estaba siendo un partido que se inclinaba de un solo lado, pero las infracciones le inyectaban vida a los Politécnicos.

Infracciones, que en contraste, no existieron en ningún lado de la tribuna, en ningún lado de la rivalidad. ¿Porros? Se hicieron presentes, unos 15 de la UNAM, y posiblemente unos 80 del Politécnicos. Aislados, rodeados de la policía de la Secretaría de Seguridad Pública, perdidos en la irrelevancia.

La insignificancia de los grupos porriles en el estadio era inversamente proporcional a la importancia que tenía para las Águilas Blancas el eliminar los castigos, que aunque sólo fueron 3 en la primera mitad, un par de ellos terminaron por extender la serie ofensiva en la que Hernández se metió a las diagonales.

Un ambiente familiar, sí, también se dice cada que se relata una de estas experiencias. Pero ¿por qué mentir si esa es la realidad? Si para algunos una experiencia familiar se anula porque en las porras se recuerda a la madre del rival de manera profana constantemente, bueno, ya es cuestión del parámetro de cada quién.

¿Alcohol? ¿Peleas? ¿Una verdadera necesidad de proteger a los infantes y adultos mayores por una trifulca violenta en la tribuna? Eso puede pasar en ese estadio, pero eso ya es cuestión del deporte que juega con la esférica.

La única violencia protagónica fue la de la defensiva unamita que regresando de la intermisión, forzó un par de tres y fuera sobre Vázquez y las Águilas. Empezó a surgir la figura de Esteban Solares (39), linebacker novato de la UNAM que, de manera anómala,  la primera vez que pisó el pasto del Olímpico 68 no fue como Puma, sino como seleccionado nacional en el pasado Mundial U19 celebrado en tierras aztecas en julio.

Partidos, competencias y circunstancias distintas, pero tuvieron en común que arriba de 30,000 personas se reunieron para ver fútbol americano estudiantil en el mismo estadio. “Dos experiencias totalmente diferentes. Yo creo que (el Clásico) se hizo más especial para mí , escuchar a toda la gente y a todo el equipo (ser) uno mismo, es algo que de aquí a que termine mi elegibilidad de Liga Mayor siempre voy a tener presente”.

Otro novato Puma que ya había pisado el Olímpico antes de la presente temporada: su quarterback. Marco Durán, quien fuera titular para la UVM los últimos dos años, hizo su primera aparición en el Olímpico como mariscal de campo titular de la UNAM. En el tercer cuarto, conectó su segundo pase de touchdown, encontrando a Sebastián Villagrán (6) en trayectoria de 24 yardas para extender la ventaja hasta 24-3.

Conforme avanzaba la segunda mitad, la tendencia no cambió. Muchos castigos, muchos ataques frenados por la defensiva puma, muchos goyas y muchos huélums. Fue en un despeje en el inicio del cuarto cuarto que algunos de los fieles de la tribuna politécnica se dirigían a la salida. Muy pocos, pero un pequeño hueco en el corazón de la tribuna del Pebetero dejaba ver que la esperanza murió en algunos de los guindas.

Y entonces, la tribuna entendió su rol: apoyar, gritar, llenar de energía a sus jugadores. En la primera serie del cuarto periodo, que fue un despeje de los Pumas, la atención protagónica la robaron los aficionados. Ahora sí, como debe de ser, no paraban las Goyas, los Huélums, las Goyas, los Huélums… Usted entiende cómo va eso.

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Ni siquiera se alcanzan a diferenciar los porros de la tribuna familiar. Así de pocos eran.

Pero de eso trata este partido, de nunca dejar de celebrar, de disfrutar la fiesta, de mantenerse en alegría. Fueron los fieles de las Águilas Blancas, que estaban perdiendo en ese momento, los que iniciaron con el cántico de El que no brinque es Puma… usualmente reservado para el equipo ganador.  Ellos estaban ahí para apoyar, para disfrutar, a pesar del adverso marcador, para siempre portar con orgullo el guinda y blanco de la institución que defienden, y ver si eso se le puede transmitir a los jugadores.

En efecto, el renacer de una momentáneamente apagada afición también significó un nuevo inicio para las Águilas Blancas. Con Yair Márquez ya en los controles, los Volátiles por fin empezaron a hacer lo que mejor saben: volar. Márquez completó seis pases de siete intentos para 63 yardas en lo que fue la mejor serie ofensiva del Poli. Además, añadió otra carrera de 11 yardas en dicho hilo, el cual culminó con una conexión de anotación con Mauricio García (13).

Con alrededor de 8 minutos, y luego de forzar el único tres y fuera de Pumas en la mañana, Águilas Blancas tenía la oportunidad de hacerlo más interesante, abajo 24-10. El touchdown significaría que las Blancas se convertirían en el único equipo en toda la temporada en anotarle touchdown más de una vez a la defensiva de Pumas.

Por supuesto, prevaleció la impresionante marca de los auriazules. La serie de las Águilas duró apenas 4 jugadas, y en cuarta oportunidad y 3 yardas desde su yarda 37, Márquez fue capturado por Solares, perdiendo diez yardas y también la posesión ofensiva. Con 5 minutos, el novato seleccionado nacional puso la daga sobre las aves.

Con 28 yardas para anotar, Pumas ni siquiera pudo acabarse el reloj. Luego de 5 jugadas, Abraham Tello (23) capitalizó con un touchdown de una yarda, para poner el definitivo 31-10 en el marcador, y ahora sí, confirmar la salida de un gran número de seguidores de las Águilas Blancas, y claro, otros tantos de Pumas, los asoleados, los que ya vieron todo lo necesario para irse gustosos de la inminente victoria de su equipo.

Con el reloj terminándose, Márquez metió a las Blancas hasta la 21 rival, sólo para que Solares cerrara el encuentro con una intercepción de su autoría.

Algo que en décadas pasadas se pensara impensable se ha convertido en una tradición, porque parece que a la afición, en este partido en específico, se le exige más que a otros asistentes en otros eventos. En el momento que ambos equipos visitan la tribuna rival, son recibidos con la porra contraria. Sí, los fieles de la Universidad entonan un Huélum para las Blancas, y los seguidores del Politécnico se avientan un Goya para los Pumas.

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Tradición en el fútbol americano estudiantil, reconocer al rival con el agradecimiento de su tribuna.

Porque al final, la mañana del 11 de noviembre fue de consolidación, en distintas facetas, distintos paradigmas. Tomemos por ejemplo a Solares, que con dos sacks y la intercepción en el cuarto cuarto, se consolida como uno de los mejores novatos a nivel nacional, coronando una mañana muy especial para él que lo vio como capitán del Azul y Oro. Posiblemente no hay un mejor defensivo de primer año en toda la Liga Mayor.

Otro ejemplo, la consolidación de la defensiva de Pumas CU como una de las mejores en años. Terminan la temporada regular con 5.75 puntos permitidos en promedio por partido, menos de lo que vale un touchdown. Hoy, limitaron a las Águilas Blancas a 10 puntos y (no oficialmente) 229 yardas totales. Llegan a la postemporada con 13 siendo el número máximo de puntos que permitieron en cuatro cuatros. Se enfilan a los playoffs como la unidad que muy posiblemente decida si Pumas se alza con su sexto campeonato en 11 años, o si se quedan a la deriva.

Y posiblemente el ejemplo más importante: la consolidación de la afición. Un fantasma porril que ya ni siquiera debe ser mencionado. Ese espectro de infamia se ha disipado casi en su totalidad, y el fútbol americano, su comunidad, su afición, demuestra lo que siempre pregona: una actitud ejemplar, un saldo blanco, un evento familiar en la que los más afectados físicamente siempre son los jugadores y eso por la naturaleza del deporte. La gente, por segunda vez en este 2018, se levantó en domingo a las 10 de la mañana para presenciar la rivalidad más emblemática del deporte en México. Fuera del espectro de la comunidad, todavía hay gente que relaciona los desmanes, los relajos, los inseguro, con el fútbol americano. No podrían estar más equivocados.

Un juego de consolidación, de cierre para la temporada regular. Ahora sí, viene el fútbol que gana campeonatos.

Los Pumas recibirán al otro equipo del Politécnico, los Burros Blancos, en horario, fecha y lugar por confirmar, para las semifinales del máximo circuito de la ONEFA. Sí, por confirmar, porque todavía hay duda de si el partido puede llevarse en el Olímpico.

Las Águilas Blancas tienen la tarea de viajar a Nuevo Léon y enfrentarse a los Auténticos Tigres en el otro playoff de la Conferencia.  “En 1992, Águilas Blancas pasa como cuarto lugar, viaja a Monterrey y le gana al Tecnológico. Regresa a Centinelas y captura el campeonato como cuarto lugar. Para ser campeón tienes que ganarle a los mejores”, comentó Zárate luego de la derrota.

Entonces, en la mesa todavía podría haber dos partidos en Ciudad Universitaria que conjunten a los Pumas y a un equipo del Politécnico. La consolidación del deporte como un ambiente sano, recreativo y familiar ojalá llegue a aquellos que deciden dónde se juegan los partidos.

Fue ese tipo de mañana para Pumas y sus aficionados: alegre
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2 thoughts on “Pumas CU impenetrable, vence 31-10 a las Águilas Blancas en Olímpico abarrotado”

  1. No hay necesidad de qu ofender a quienes les agrada cualquier otro deporte. Es de caballeros respetar a quienes no piensan de igual manera. Qué pena

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